Guardianes de la verdad Opinión

Caso Senasa

La gran estafa del PRM: el robo descarado de la salud de los pobres

Lo que sacude al país según las autoridades es el desfalco de corrupción más impresionante de la historia moderna: caso Senasa

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El Partido Revolucionario Moderno llegó al poder montado en la ola del “cambio” y con la transparencia como su principal bandera electoral. Su discurso anticorrupción caló hondo en una sociedad conmocionada por el hedor putrefacto del caso Odebrecht. Un cataclismo mundial que a la sazón se convirtió en el escándalo de corrupción más grotesco de nuestra historia reciente.

Miles salieron a marchar a las calles, indignados por la suspensión de las elecciones municipales del 2020, por el silencio oficial y por los casos de corrupción que se quedaban en el rumor público. Sin embargo, los protestantes terminaron instrumentalizados por quienes, exigiendo consignas sobre el fin de la corrupción y la impunidad, utilizaron la marcha como trampolín para saltar a la nómina pública. Hablaron hasta por los codos sobre el cáncer de la corrupción, sus efectos perniciosos en el sistema de salud, educación, en el desarrollo nacional, y autoproclamándose guardianes de la moral, portadores de la ética y surfeadores de la ola de un cambio político que emanaba genuinamente de las entrañas profundas del pueblo dominicano por el hartazgo de 16 años de manera consecutiva en el poder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Entre los rostros más visibles de aquellas marchas verdes estaban Yamilé Hazim, Bartolomé Pujals, Faride Raful, Carlos Pimentel, Juan Bolívar Díaz, Mariasela Álvarez y muchos otros que se golpeaban con dureza el pecho exigiendo transparencia y pureza moral.

El tiempo, sin embargo, ha sido implacable con las caretas.

A medida que avanzó el gobierno, familiares de algunos de los protestantes salieron mágicamente con contratos millonarios en instituciones públicas como un hijo de la comunicadora; nombramientos en el servicio exterior como el caso del señor Díaz; alquileres millonarios injustificables como la OGTIC de Bartolo. Carlos Pimentel se hizo de la vista gorda ante cientos y cientos de contrataciones públicas que no generan ruidos en el órgano supervisor como los más de 247 expedientes de presunta corrupción que sometió la propia Milagros Ortiz Bosch al Ministerio de Administración Pública, y finalmente, la gran estafa del siglo: el padre de Yamilé Hazim, poderoso vicepresidente del Partido Revolucionario Moderno, encabezando un entramado de corrupción que le robaba la salud a los más pobres del país, considerado como un atroz crimen de lesa humanidad.

Hoy deberíamos estar celebrando una de las medidas más trascendentales del presidente Luis Abinader: la afiliación de más de tres millones de dominicanos al Seguro Familiar de Salud en el régimen subsidiado, una conquista histórica que yo mismo he defendido con fiereza y que reivindica las banderas clásicas de la socialdemocracia.

Pero no. Lo que sacude al país según las autoridades es el desfalco de corrupción más impresionante de la historia moderna: caso Senasa. Liderado por el vicepresidente del Partido Revolucionario Moderno, Santiago Hazim, y jefe del sector externo de esa organización política.

Santiago Hazim encarna el arquetipo del “nuevo funcionario” del cambio: tecnócrata millonario, profesional exitoso, educado en los mejores colegios y universidades del país y el extranjero que por su origen social se presume que iban al poder a distanciarse de la tradición de corrupción que tanto daño le ha hecho al país. Una persona que se codeaba en la alta sociedad y que supuestamente iba a aportar su experiencia y su prestigio personal al ejercicio público para “adecentar” la Administración Pública de los “pobres malandrines” que “llegaron en chancletas” y quebraron su moral por sus históricas necesidades materiales.

Sin embargo, todo eso quedó en palabras, y hoy, acorde a los testimonios que han confirmado varios testigos que han sustentado la tesis del Ministerio Público en los tribunales, junto con un fardo amplísimo de pruebas; el entramado criminal ––grupos empresariales de alta alcurnia–– habría desviado casi 16 mil millones de pesos ––siendo muy conservador–– entre contratos irregulares y sobornos, robándole la cobertura de salud a los más pobres. Un crimen que ni con 30 años de cárcel hay forma de pagar en este mundo terrenal.

Stefan Zweig en su magistral retrato de la Revolución Francesa describe como los líderes revolucionarios atizaron al pueblo con discursos incendiarios dándole de beber sangre hasta embriagarlo. El drama de Danton, Marat, Robespierre, fue precisamente ese: después de contemplar como rodaba la cabeza de todos sus adversarios, incluyendo la de Luis XVI, bajo la guillotina; el pueblo, borracho de sangre, terminó reclamando también sus cabezas. Y así, en la trágica historia de la revolución, los que eufóricamente guillotinaron al rey acabaron también guillotinados.

Hoy la sociedad dominicana no se conforma con la decisión –valiente, sí, pero insuficiente–del presidente Abinader de ordenar investigar a uno de sus amigos íntimos y colaboradores más cercanos, por indicios graves de corrupción, y también someter el expediente al Ministerio Público. El pueblo exige que rueden las cabezas de quienes se refugiaron en las siglas de un partido para estafar al pueblo descaradamente. Al parecer, al margen del círculo del presidente, en el PRM son aves rarísimas los funcionarios capaces mantener enarbolada la bandera de la transparencia. Y como dice el refrán: una golondrina no hace verano.

Esto apenas comienza.

Sobre el autor
Julio Alberto Martínez Ruíz

Julio Alberto Martínez Ruíz

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