¡Gran subasta nacional de chatarras!

Rafael Acevedo
Julio Cortázar, en “La autopista del sur”, de mediados del siglo pasado, nos hace una narración burlesca de lo que ya en Francia se padecía los fines de semana en algunas carreteras muy transitadas.
Llevamos décadas escribiendo sobre el tránsito, pero, como afirman personas entendidas, gran parte de los taponamientos en nuestras calles tiene que ver con la gran importación de automóviles, frecuentemente con el patrocinio del narcotráfico y el trasiego de divisas. Salta a la vista el gran número de agencias repletas de vehículos de último modelo.
Las “ferias” organizadas por bancos reconocidos parecen ser parte importante de esta cadena de negocios.
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Y así como los clase media padecen taponamientos en las vías principales, en los barrios pobres el problema suele ser la abundan cia de chatarras que, estacionadas o “sepultadas” encima de las aceras, y más triste aún, en áreas verdes, obstruyendo la vista y el paso a los vecinos, quienes tienen temor de protestar (o no lo hacen por “forzada solidaridad”). Y pobre del conductor visitante que cándidamente incursiona en uno de esos “enchatarrados” lugares.
Peor le ocurre con demasiada frecuencia a mecánicos del barrio que una vez tuvieron la dicha enorme de obtener un solar para abrir allí su taller. Hoy día, tanto el taller, el frente y las aceras cercanas están llenos de chatarras porque no aparecen los cuartos ni los repuestos de esos modelos envejecidos, cuando no es la tris te historia de un viejo Mercedes, cuyas piezas cuestan un dineral, y ni de medio uso aparecen.
Ni que decir, el ayuntamiento es totalmente incapaz de recoger esos desperdicios chatarrosos, por negligencia o carecer de medios y equipos; por igual parece ser la actitud de la Digesset, que al parecer tampoco cuenta con los efectivos ni mecanismos para recogerlos.
Ambas entidades parecen haber perdido todo interés en el tema. De Medio Ambiente, ni hablar; no saben siquiera que ese problema existe.
Pero, antes de perder la esperanza, podría surgir algo realmente prodigioso: ¡Muchachos “emprendedores” del barrio! que inicien negocios de recogida, refundición y exportación de chatarras y de fierros viejos.
Con el decidido apoyo de una iniciativa estatal bienhechora, que la gente común de los barrios, y hasta el tigueraje, agradecerán: La Fundación de Fomento de “Bancos de Empresas de Reciclaje y Exportación de Chatarras y hierros Viejos”. (Y otras iniciativas y creatividades de los muchachos del barrio).
Para ello bastaría, por ejemplo, el apoyo de banqueros, (de loterías, y de la banca monetaria), quienes probablemente ya se han puesto de acuerdo en otros negocios, como las ferias de automóviles; ahora dispuestos a organizar estas novedosas y provechosas formas de emprendedurismo.
Los dominicanos somos gente ingeniosa, creativa con sentido de oportunidad; capaces de diseñar esas formas empresariales que todo el país aplaudirá.
Muchos pobres podrían utilizar sus chatarras como inicial para la compra de vehículos en buenas condiciones, en ferias y negocios apadrinados por este nuevo proyecto.
Por solo ver limpias sus calles y aceras, muchísimos vecinos también agradecerán infinitamente.