Hoy de HOY
Durante los 12 años de gobierno de Joaquín Balaguer también sufrí amagos alarmantes de los mecanismos de opresión que produjeron centenares de asesinatos, deportaciones, encarcelamientos donde se botaban las llaves y toda suerte de atropellos a los derechos humanos.
Salvador Pittaluga Nivar me advirtió de una conversación entre militares de los que asesinaban, en la cual un matasiete de esos dijo que había que darle un escarmiento a un periodista, a un tal Piñeyro. Héctor Pérez Reyes que estaba presente le informó a Pittaluga.
Poco después asesinaron a Orlando Martínez, un estudiante de Periodismo, buscaban al periodista Orlando Martínez Howley, a quien también asesinaron poco después.
Cuando explotaron el carro a Juan Bolívar Díaz pensé que el gobierno podría deportarme hacia cualquier país, aunque fuera inconstitucional.
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Me vi pidiendo trabajo en una redacción cualquiera de un país X. A la pregunta ¿usted, qué sabe hacer? para tener una respuesta firme, decidí aprender a hacer periódicos, algo más que escribir para periódicos y revistas.
En ese aprendizaje apliqué conocimientos de Administración, rudimentos de diseño, tipografía, tiempo y movimiento y separación de colores. Esto me puso en condición tal que si me daban una página en blanco podía producir una página de periódico bien equilibrada, atractiva, impactante.
Cuando Pepín Corripio me informó la creación de un matutino, ya era dueño del vespertino El Nacional y de la revista ¡Ahora!, me pidió sugerencias de nombres para el nuevo diario. Le envié un abanico de posibles nombres y seleccionó HOY.
Contrató un dream team encabezado por Virgilio Alcántara, mi compañero de la universidad, pero ninguno sabía hacer periódicos
Corripio me dijo que yo no tendría nada que ver con el nuevo periódico y me fui de playa con mi familia la semana que salió el periódico.
Ah, ¡carajo! El primer día salió de tarde y se esperaba que al otro día saldría matutino, y no, ¡qué va! El dream team no sabía hacer periódicos.
El ojo de águila de Pepín vio cómo su inversión navegaba como el Titanic, y, antes del desastre, me llamó y me pidió que resolviera el problema de la hora de salida del diario, me negué. Usted me dijo que no quería que tuviera que ver con su proyecto. Pero al tercer día cedí.
Entonces, Corripio me dio todos los poderes y le dijo al director Virgilio Alcántara que no contraviniera ninguna orden impartida por mí, en lo que se refería al continente, no al contenido del diario.
El primer día el periódico salió a las 6 de la mañana y en lo sucesivo se convirtió en un matutino que felizmente sale a la hora debida. Me enorgullezco de ese trabajo silencioso, callado, eficiente y olvidado.