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Guardianes de la verdad Opinión
Doctora Honoris Causa a la reconocida escritora, filóloga y ensayista española Irene Vallejo Moreu.

Doctora Honoris Causa a la reconocida escritora, filóloga y ensayista española Irene Vallejo Moreu.

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Hay quienes escriben libros y hay quienes los rescatan del olvido. Irene Vallejo pertenece a esa segunda estirpe: la de las tejedoras de sentido que devuelven a la palabra su respiración más antigua. Su obra, más que una narración, es un regreso. Un viaje a la raíz donde leer vuelve a ser un acto de amor y resistencia, donde el conocimiento abraza.

La República Dominicana, a través de UNAPEC, le concede el título de Doctora Honoris Causa, y con ello no solo reconoce su trayectoria intelectual, sino su manera de habitar el lenguaje: con una delicadeza que desafía la prisa, con una erudición que nunca pierde la sensibilidad. En momentos donde todo—incluso la cultura—parece medirse en algoritmos, Irene nos recuerda que pensar sigue siendo un ejercicio de belleza.

Su libro El infinito en un junco, esa carta de amor a los libros, a la lectura y a quienes han sostenido el hilo invisible del conocimiento, es una obra que trasciende géneros. En él conviven Alejandría y las bibliotecas escolares, las lectoras anónimas y las heroínas invisibles que, copiando manuscritos o leyendo en voz baja, mantuvieron encendida la llama de la memoria humana.

El estilo de Vallejo se ha convertido en un punto de referencia para una generación de escritoras que cree en la palabra como acto de permanencia. En su voz confluyen la historia y el asombro, la filosofía y la emoción. Leerla es una experiencia serena, un regreso al placer de lo sencillo. No hay artificio en su lenguaje.

La distinción que le otorga UNAPEC tiene un eco profundo en esta isla de cantos y relatos, donde la oralidad ha sido un modo de mantener la historia viva. De ahí que la llegada de Irene Vallejo se sienta como una celebración compartida que honra a todas las mujeres que han sido guardianas de la palabra, esas que contaron cuentos al calor de un anafe, las que enseñaron a leer a escondidas, las que escribieron sabiendo que tal vez nadie las leería.

Su investidura como Doctora Honoris Causa no solo distingue a una escritora, sino que confirma el poder renovador de la cultura como fuerza silenciosa que sigue construyendo puentes entre lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos imaginar.

Su obra nos enseña que el conocimiento puede ser generoso y la cultura, un acto de cuidado. Nos recuerda que leer es también una forma de resguardar lo esencial, y que la palabra—cuando se escribe desde la conciencia—tiene el poder de unir memorias, voces y latidos.

Irene Vallejo escribe para recordarnos que el mundo también se puede leer con ternura. Desde esa luz, y más allá del reconocimiento, su investidura simboliza una esperanza: la de un pensamiento que ilumina, que acompaña, que construye sentido en medio del ruido.

Celebrar a Irene Vallejo es celebrar la permanencia de la palabra y su capacidad para transformar el mundo. Su escritura no busca respuestas definitivas, sino abrir espacios donde podamos respirar juntos, juntas. Y en ese gesto, simple y hondo, se encuentra la raíz íntima de su legado.

Sobre el autor
Radhive Pérez

Radhive Pérez

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