Guardianes de la verdad Opinión
Bonaparte Gautreaux Piñeyro

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Finalmente, el 3 de setiembre de 1965, el Gobierno en Armas, presidido por el ciudadano Francisco Alberto Caamaño Deñó, terminó su misión patriótica y constitucional y entregó el poder con estas palabras iniciales en un memorable discurso pronunciado en la Plaza de la Torre del Homenaje:

“Porque me dio el pueblo el poder al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece”.

Más que un discurso de despedida fue un resumido recuento de las acciones del Gobierno en Armas.

La irrestricta defensa de la constitucionalidad, el viril reclamo del respeto a los derechos del pueblo, la indeclinable defensa de la soberanía nacional, el orgullo imperecedero de quienes tuvimos el honor de participar en la Guerra de Abril de 1965, el sentimiento de compromiso con el futuro del cumplimiento del deber no cabía en los límites de un discurso, tampoco caben nunca en un libro ni en dos ni en cientos.

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Con el sereno valor de quienes han cumplido con el compromiso sagrado de acudir al llamado de la patria, a servir como uno de sus buenos hijos, los constitucionalistas servimos con honor en dos campos muy importantes, primero: en la defensa del Estado de derecho que regula la relación entre los hombres y el poder nacional y, segundo: en la defensa de la soberanía nacional cumpliendo con las enseñanzas de Juan Pablo Duarte, quien soñó, trabajó y logró ver la independencia nacional y dejó su ejemplo inmortal que demandaba “libertad o muerte”.

Nada detuvo el torrente de reclamo por el respeto a la institucionalidad constitucional, por eso enfrentamos el poder militar y policial desbordado que aplicó la fuerza contra la razón y confió en que lo importante es el número de las armas contra la voluntad de libertad de los pueblos. Alegan, dicen, esgrimen discuten, olvidan, lo cierto es que no pudieron contener la fuerza de un pueblo que se lanzó a construir la epopeya, a vivir la historia con valor, coraje y decisión.

Fue hacer reales y vivas las palabras de oro escritas en nuestro himno por Emilio Prud’Homme: “Ningún pueblo ser libre merece/Si es esclavo indolente y servil/Si en su pecho la llama no crece/Que templó el heroísmo viril/Mas Quisqueya la indómita y brava/Siempre altiva la frente alzará/Que si fuere mil veces esclava/Otras tantas ser libre sabrá.

La mayoría de los hijos de ese abril hemos hecho honor a su memoria como ciudadanos respetuosos de la ley y defensores de los derechos del pueblo, como buenos constitucionalistas. ¡Loor a los hijos de abril, héroes nacionales por derecho propio!.

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Bonaparte Gautreaux Piñeyro

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