Guardianes de la verdad Opinión

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Tengo para mí que perdemos fervor en la patria día sí y el otro también.

Es sabido que hay dos grandes fechas que con igual mérito y grandeza deben ser celebradas, homenajeadas, disfrutadas, fiestadas: me refiero al 27 de febrero y al 16 de agosto.

Una, por la proclamación de la independencia nacional en la puerta de El Conde y la otra, por la consolidación del destino libre, de la autodeterminación como República sin ataduras, con total autonomía como nación, donde la regla única e indiscutida sean la Constitución de la República y las leyes que emanen de ella.

Pero he ahí que, de un tiempo a esta parte, vengo notando que hay una notoria discriminación en favor de una fecha y en desmedro del brillo de la otra.

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Si el 27 de febrero fue un cañonazo que llenó los cielos como un relámpago, el 16 de agosto fue el trueno y la tormenta eléctrica que sembró en el monte de Capotillo el honor, la libertad y la bandera nacional para que nunca sea irrespetada.

Por eso, en las brutales ocupaciones militares de los Estados Unidos, siempre hubo una respuesta militar armada y guerrera contra la intromisión en nuestros asuntos.

Este año no se escucharon los cañonazos que desde siempre saludaron el enhestamiento de la bandera nacional en el baluarte del Conde los 16 de agosto.

No hubo un homenaje especial mediante un tedéum solemne en la catedral de Santa María, tampoco hubo un “grandioso” desfile militar con paracaidistas, barcos, aviones, realizando giros y vuelos extraordinarios.

Ninguna escuela del país convocó un concurso para la mejor pieza estudiantil sobre la efeméride.

En los pueblos no hubo conciertos por la bandas municipales de música en los parques centrales.

Hace mucho que los diablos cojuelos, que vinieron de España con el descubrimiento de América, dejaron de alegrar los días de recuerdo de la Restauración de la República.

El carnaval siempre fue una expresión popular de alegría por la Independencia del 27 de Febrero y por la Restauración de la República el 16 Agosto, por una cerrada e impopular presión clerical que, confundiendo la gimnasia con la magnesia, se ha dedicado a matar la alegría popular.

El rescate del brillo del 16 de Agosto está en las firmes manos de Juan Pablo Uribe el muy buen director de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias.

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Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

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