Guardianes de la verdad Opinión
Teresa Mártez

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En las últimas semanas, el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha estado en el centro de la conversación pública. No es para menos: se trata de la aseguradora más grande del país y la única que garantiza cobertura a los ciudadanos en condición de vulnerabilidad. Es decir, aquellos que no tienen un empleo formal o que simplemente no pueden costear un seguro privado.

Gracias a Senasa, el ciudadano de a pie logra tener acceso a servicios de salud en hospitales y centros públicos, y en algunos casos, incluso en lugares donde la red pública no llega. Por eso Senasa no es solo una ARS más: es la puerta de entrada al derecho a la salud para millones de dominicanos.

¿Está Senasa cumpliendo?

Se han levantado dudas en torno a si Senasa está dejando de prestar los servicios que debe, tanto en su regímen subsidiado como en el contributivo. Consulté a varios afiliados de ambos regímenes y la realidad es matizada: sí, han experimentado retrasos en autorizaciones de medicamentos y procedimientos, pero finalmente logran obtenerlos, aunque en el proceso, se pierde la paciencia del afiliado y causa mucho malestar.


Esto nos lleva a una reflexión clave: ¿qué pasa con el afiliado subsidiado cuando el sistema falla? El contributivo cuenta con su aporte y el de su empleador y tiene la opción de cambiar de aseguradora, pero el subsidiado depende por completo de la responsabilidad del Estado.

Hoy más que nunca, Senasa necesita ser vista como lo que realmente es: una institución del pueblo que debe ser salvada.

El aporte del IDOPPRIL, recientemente aprobado por su consejo, por la Sisalril y el CNSS, no solo ayudará a fortalecer a Senasa, sino también a la Cuenta del Cuidado de la Salud, que permitirá nuevas inclusiones de cobertura en beneficio de los afiliados.

Aquí hay un mensaje claro: Senasa es prioridad nacional. El Estado, como garante del derecho a la salud, debe entrar en su auxilio mientras la justicia hace lo que le corresponde.

El llamado de cuidar a Senasa es un llamado a cuidar del país. No se trata de cifras, balances o tecnicismos: se trata de asegurar que millones de dominicanos en situación de vulnerabilidad no queden sin acceso a medicamentos, consultas y procedimientos básicos para su salud y su vida.


Senasa debe ser sostenida a toda costa. Porque sin Senasa, se rompe la promesa más elemental de la Constitución: el derecho universal a la salud.

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Teresa Mártez

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