Marranismo, ateísmo y resabios intelectuales

Rafael Acevedo Pérez
Nuestros campesinos tenían por costumbre llamar «marranos» a los cerdos, un vocablo que viene del latín y del árabe hispánico. En los siglos cercanos al descubrimiento de América, probablemente eran llamados marranos los judíos renegados a ser convertidos al catolicismo.
En Esaú, un libro que escribí años atrás, planteé que pensadores judíos de siglos pasados se inclinaron al ateísmo, a la negación del Dios judeocristiano, y más recientemente, lo que parece una moda entre algunos intelectuales: «el dios de Spinoza», como forma de autodefensa.
Meses atrás escribí en esta misma columna, que no me parece aceptable la idea de que una persona que, desde niño, por motivos familiares o personales, se inclina a rechazar la doctrina cristiana esté mentalmente libre de preconcepciones para asumir con neutralidad ética y emocional el tema de la existencia de Dios.
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Durante algún tiempo estuve leyendo con interés los interesantes aportes a las teorías científicas de Yuval Noah Harari, el celebrado intelectual judío, tal vez el más celebrado de nuestros días. Aun a sabiendas de que era ateo, lo cual, en lo fundamental, poco o nada tiene que ver con la labor del científico. Aunque está claro que la amplísima mayoría de los hombres de ciencia creen en la existencia de Dios. Fue por casualidad que, en las redes, observé que aparecía abrazado con su marido; por lo que, como he reiterado en ocasiones, un homosexual, al igual que personas comprometidas con la corrupción y el pecado, tiene seria dificultad para ver los temas espirituales y religiosos con distanciamiento emocional y neutralidad ética, como lo exige la Ciencia.
Lo mismo he sostenido respecto a los judíos perseguidos por los cristianos europeos y los hitlerianos de siglos recientes. Aunque la causa de la persecución fuese más cercana a intereses económicos y políticos que a creencias religiosas. El caso del gran Gustav Mahler es probablemente el más dramático e ilustrativo. Debido a que, al hacerse católico para lograr ser nombrado director de la Ópera de la Corte de Viena, fue víctima acérrima y execrada de sus compatriotas judíos por tal «conversión». Max Weber, explica que los jóvenes intelectuales judíos eran rechazados y menospreciados en las universidades europeas, independientemente de sus talentos.
Como es fácil de observar, los ateos no suelen formar pandillas. Son generalmente personas aisladas y egocentristas, que nadie los toma como amenaza desde el punto de vista social y político, excepto cuando deciden, como lo han hecho en ocasiones, formar parte de los movimientos marxistoides autoproclamados ateos, y más recientemente, de agrupaciones WOKE, y a movimientos contrarios a los valores culturales de los países de Occidente.
En esa línea, los marranos, como eran llamados los judíos renegados quienes, al sentirse forzados a fingir ser cristianos, tenían similarmente a Freud, Marx, Fromm y otros intelectuales, la propensión a rechazar radicalmente al Dios de la Biblia. Por lo cual, no parecen «asépticas» sus formulaciones «científicas», ni respecto al «dios de Spinoza» y temas relacionados. Un dios sin proyecto ni compromiso con lo social ni lo político. Ni siquiera con lo humano.