Narcotráfico
México: ¿un Estado rehén de los narcos?
En contraste con la solidez del sistema estadounidense, donde resulta casi imposible que un juez federal sea comprado por la mafia, en México la justicia sigue siendo vulnerable a la intimidación y el soborno
Chapo Guzman
Cuando en Estados Unidos se instauró la Ley Seca (1920-1933), con el objetivo de reducir el consumo de alcohol y frenar la violencia y la criminalidad, surgieron en México organizaciones criminales dedicadas al tráfico de whisky y cerveza hacia el vecino el norte. En ese sentido, es oportuno indicar que, entre los traficantes de alcohol se encontraba el general Abelardo Rodríguez, quien fue gobernador de Baja California y, además, ocupó la presidencia de México de manera interina entre 1932 y 1934.
Tras el fin de la Ley Seca en Estados Unidos, las redes de contrabando no desaparecieron; evolucionaron. Lo que comenzó con el tráfico de alcohol derivó en marihuana y opio, luego en cocaína y metanfetaminas, además de productos falsificados y trata de personas, hasta desembocar hoy en el comercio del opioide sintético más letal: el fentanilo.
Entre los pioneros del tráfico de drogas en México, destaca Pedro Avilés, “El León de la Sierra”, quien emergió en la década de 1960 como traficante de marihuana y opio. Avilés sentó las bases de carteles como el de Guadalajara, al ser mentor de Miguel Ángel Félix Gallardo, conocido como “El Jefe de Jefes”.
Félix Gallardo, fundador del Cártel de Guadalajara, ilustra la simbiosis entre crimen y aparato estatal. Exagente de la Policía de Sinaloa, reorganizó el narcotráfico con respaldo de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Bajo su liderazgo se consolidaron alianzas con carteles colombianos, multiplicando ganancias y profundizando la corrupción institucional.
Un golpe decisivo contra su organización llegó en noviembre de 1984, cuando fue descubierto y decomisado el Rancho El Búfalo, propiedad de Rafael Caro Quintero. Según la revista Time, bajo el título “The Bust of the Century”, la DEA incautó allí una cifra récord: 9 mil toneladas de droga, valoradas en alrededor de 4 mil millones de dólares.
El agente de la DEA Enrique “Kike” Camarena Salazar logró infiltrarse en las redes del Cártel de Guadalajara y revelar la magnitud de sus operaciones. Como represalia, fue secuestrado, torturado y asesinado en febrero de 1985, con la presunta complicidad de elementos de seguridad del Estado mexicano. Del hecho se acusó directamente a Rafael Caro Quintero, uno de los líderes del cartel, quien ejecutó el horrendo crimen en complicidad con otro de los grandes capos de la organización, Ernesto Fonseca; por tal motivo, ambos fueron capturados en 1985.
En 1989 fue detenido Miguel Ángel Félix Gallardo, líder del cartel y cómplice del asesinato de Kike Camarena. Desde prisión, Félix Gallardo buscó evitar luchas internas entre los miembros de su organización y distribuyó el tráfico de drogas en México a través de la asignación de “plazas”, dando origen a organizaciones que dominarían las siguientes décadas: los Arellano Félix en Tijuana, Amado Carillo Fuentes “el Señor de los Cielos” en Juárez y, en Sinaloa, figuras como Héctor “El Güero” Palma, Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada. De esa recomposición surgieron guerras territoriales cada vez más violentas.
En 2006, el presidente Felipe Calderón declaró la guerra frontal contra los carteles. La estrategia produjo capturas relevantes, pero también una escalada de violencia. The Washington Post destacó que entre 2006 y 2021 se reportaron 350 mil muertes y alrededor de 72 mil desaparecidos por la violencia del narcotráfico.
El Chapo Guzmán fue apresado en 1993 y logró escaparse del penal de Puente Grande en 2001, convirtiéndose en uno de los capos más poderosos en la historia de México. En 2014 fue capturado nuevamente y, en 2015, escapó por un túnel en el penal de El Altiplano. Fue recapturado en 2016 y extraditado en 2017 a Estados Unidos, donde fue condenado a cadena perpetua.
Con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025, declaró a los carteles mexicanos organizaciones terroristas, especialmente por el tráfico de fentanilo. Este opioide sintético, cuya base se produce en China, causó 47,735 muertes en 2024, según USAFacts, una fundación creada por el exdirector ejecutivo de Microsoft, Steve Ballmer.
En julio de 2025 fue capturado Ismael “El Mayo” Zambada, quien había evadido la justicia por más de 40 años. Fue uno de los precursores del tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos.
Las operaciones gubernamentales dirigidas contra los líderes de los carteles han intensificado la violencia, pues su captura o muerte desencadenan disputas internas por el control de las estructuras criminales. Un ejemplo ilustrativo es el Cártel de Sinaloa que, tras la caída de Joaquín “El Chapo” Guzmán y de Ismael “El Mayo” Zambada, enfrenta una fuerte guerra intestina entre los llamados “Chapitos” hijos del Chapo y los “Mayitos” hijos del Mayo, quienes se disputan el control de la referida organización.
El 22 de febrero fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), hecho clave en la historia del narcotráfico en México. Ingresó al tráfico de estupefacientes junto a los Valencia, líderes del Cártel del Milenio, dedicado al trasiego de metanfetaminas. Tras la captura de estos, fundó el CJNG. La muerte de Ignacio “Nacho” Coronel, “El Rey del Cristal” del Cártel de Sinaloa, en 2010, le permitió consolidarse como uno de los narcotraficantes más relevantes de las últimas décadas. La muerte de El Mecho anticipa una cruenta lucha interna por el control del Cartel Jalisco Nuevas Generaciones.
Al respecto, cabe destacar que en febrero de 2026 el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal de México publicó el ranking de las 50 ciudades más violentas del planeta: 17 están en México, entre ellas Culiacán, Ciudad Obregón, Manzanillo, Zamora, Colima y Acapulco.
El informe Mexico: Organized Crime and Drug Trafficking Organizations (CRS, 2022) advierte que México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, pues entre 2017 y 2020 se registró el asesinato de casi un periodista al mes.
Se evidencia que los carteles han debilitado el monopolio legítimo de la violencia del Estado mexicano, mediante la corrupción y el terror, infiltrando políticos, funcionarios, fuerzas de seguridad y jueces.
Del mismo modo, cabe destacar que, en Estados Unidos, durante la Ley Seca, se desarrollaron poderosas estructuras del crimen organizado dedicadas principalmente a la extorsión, prostitución, control sindical y juegos de azar, que tras la eliminación de la prohibición del alcohol se enfocaron en el tráfico de narcóticos.
Entre los mafiosos más influyentes de ese periodo destacan Charles “Lucky” Luciano, Alphonse Capone, Vincent Mangano, Carlo Gambino, Albert Anastasia, Meyer Lansky, Vito Genovese, Joe Profaci, Joe Bonanno y Frank Costello, siendo este último la inspiración de Mario Puzo para escribir su novela El Padrino, posteriormente llevada al cine por Francis Ford Coppola.
Estos jefes criminales dieron origen a las principales familias de Nueva York, que expandieron su influencia más allá de la ciudad. Por ello, en Estados Unidos se aprobaron leyes antimafia como la Ley RICO (1970) o la Ley de Secreto Bancario (1970), normas que han permitido combatir con eficacia a estas organizaciones criminales, las cuales se han debilitado significativamente en las ultimas.
Aunque México cuenta con leyes similares, carece de instituciones policiales y fiscales sólidas, así como de jueces debidamente protegidos. En contraste con la solidez del sistema estadounidense, donde resulta casi imposible que un juez federal sea comprado por la mafia, en México la justicia sigue siendo vulnerable a la intimidación y el soborno, lo que convierte las leyes en letra muerta frente a los carteles. Además, los testigos carecen de verdadera protección frente a las represalias de los imputados.
En conclusión, el caso mexicano evidencia que la estrategia basada exclusivamente en el uso de la fuerza resulta insuficiente para desarticular a los carteles. Estas organizaciones funcionan con una lógica adaptativa comparable a la Hidra de Lerna: la eliminación de un líder no extingue la estructura, sino que la fragmenta y, en muchos casos, intensifica la violencia.
En consecuencia, se requiere el fortalecimiento integral del Estado en sus capacidades judiciales, policiales y administrativas, con el propósito de recuperar el control territorial y garantizar el buen funcionamiento de las instituciones, así como la protección de los derechos de las personas.