Mis Buenos Días Impunidad
POR RAFAEL MOLINA MORILLO
La noche del 11 de junio pasado un joven de 18 años fue embestido por un automóvil cuyo conductor, presumiblemente joven también, echaba carreras de alta velocidad y luces apagadas, en competencia con otros compañeros de inconciencia. Y todavía ese crimen permanece impune y sin visos de solucionarse.
Eduardo David Rodríguez, el joven atropellado, quedó tendido en el pavimento y allí dejó la vida. El que manejaba el carro, cobarde e irresponsable, huyó y permanece escondido bajo un manto de impunidad, seguramente con miedo hasta de su sombra.
Todos los índices acusadores señalan como culpable a quien quiera que haya sido el conductor homicida. Ciertamente, ese sujeto tiene casi toda la culpa de la tragedia. Pero no toda.
Culpables también son las autoridades civiles, policiales y militares que no han dado con el responsable principal, o peor todavía, que sabiendo quién es, lo protegen y lo ocultan, sea porque es algún hijo de ricos papi y mami, o talvez de un uniformado con el pecho lleno de medallas o de un alto funcionario con inmerecido poder político.
Culpables, en grado sumo, son los padres del insensato conductor, que de seguro ya saben el daño que ha causado y se convierten en sus cómplices, dañando para siempre su capacidad para entender la diferencia entre el bien y el mal.
Culpable es la sociedad en que vivimos, que no ha encontrado la fórmula para exigir a sus gobernantes y delegados el cabal cumplimiento de sus obligaciones, entre las cuales está la de garantizar la aplicación de la justicia a todos por igual, sin distinción ni privilegios para nadie.
Mientras tanto, muchos hogares dominicanos, como el de Eduardo David, lloran a sus muertos, sin esperanza, o con muy poca.