Opinión
Miserias humanas como elemento de poder a la luz de Maquiavelo
Maldad, ingratitud y falsedad, componentes nocivos que muchos usan dentro del ejercicio político. (15)

Libro: El Poder, un estratega lee a Maquiavelo
De acuerdo a lo establecido por el diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAE), se entiende por miserias humanas, a la “degradación personal: Incluye la pérdida de dignidad, la autodegradación por vicios, o la actuación que causa perjuicio a otros”.
Eso es lo que en una gran parte de nuestro diario vivir vemos, las flacas actuaciones de personas, llámese empresarios, chiriperos, comerciantes, activistas sociales, líderes políticos o gobernantes, los cuales en un considerable porcentaje usan todo tipo de artimañas con tal de lograr determinados propósitos, en perjuicio, claro está, de otros; de ahí el título del presente enfoque-crítico-reflexivo, que sobre el libro El Poder, Un Estratega Lee a Maquiavelo, de Pedro Baños, nos ocupa en estos momentos.
Durante la lectura de la primera parte del citado texto (en la primera están las conceptualizaciones de Baños, mientras la segunda es el libro íntegro El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo), nos encontramos con una serie de hipótesis, las cuales al ser analizadas por el destacado intelectual español, nos da ideas un poco más generalizada de todo cuanto contiene la citada obra, la que por su naturaleza es uno de los más leídos y/o estudiado por quienes ejercen la política pero desde el punto de vista de lo que significa la búsqueda o el mantenimiento del poder.
A través de dicho texto se analizan conceptos específicos, entre ellos y que podríamos decir son los principales, figuran: la maldad, la ingratitud y la falsedad , estos según nuestras apreciaciones forman parte de los esquemas primarios usados como elementos tácitos que usa el propio ser humano con tal de lograr ciertos objetivos, páginas 20-22, seguido por “el denominado efecto Lucifer”, que no es más que “un mecanismo que facilita la irresponsabilidad personal y promueve la obediencia ciega” páginas 23 y 24, así como el temor, el cual, tal y como lo analiza Pedro Baño a la luz de El Príncipe, este no es más que un “poderoso sentimiento que hace que la gente se doblegue y acepte que se le imponga otra voluntad”, página 69.
El rencor y el odio, son también elementos que son tratados por Baños a la luz de las recomendaciones dadas por Maquiavelo a Lorenzo de Medici, en donde el primero lo refiere como “un poderoso sentimiento que hace que la gente se doblegue y acepte que se le imponga otra voluntad”, página 69, tal y como lo establecimos en el párrafo anterior, mientras el segundo “no es más que un reflejo del malestar interior que padece el odiador, de su incapacidad para estar a la altura del odiado, o de conseguir el reconocimiento social que este tiene. O simplemente se trata de envidia, celos profesionales o pura maldad innata”, página 62,
La adulación, la avaricia, el poder del dinero, y el abuso precisamente del poder, una vez que se obtiene, tomando en consideración estas bajas tendencias del ser humano y que hemos enumerado dentro de la presente entrega, son si se quiere parte de todo un entramado que muchos de los que se consideran líderes usan como herramienta de control dentro de diversos conglomerados, esto así, cuando la falta de ética (repetimos), arropa al individuo.
Establece Maquiavelo, que “Los hombres tienen tanto amor propio y tan buena opinión de sí mismo, que es muy difícil protegerse del contagio de los aduladores”, página 73, algo que para poder el individuo hacerle frente, debe de poseer la suficiente inteligencia política emocional, para intentar establecer la diferencia, ya que si no actúa con el debido comedimiento, fácilmente el poder una vez obtenido y al tener una “corte” que le celebre todos los chistes, este último fácilmente terminaría en una de las más terribles enfermedades que en términos políticos arropa al ser humano, que es aferrarse precisamente a un algo que en ocasiones se torna circular, como es el poder.
Quien domina o es el líder, debe tener mucho cuidado con este tipo de personas que lo adulan, ya que tal y como lo dice Baños, “Todos escondemos algún interés cuando hablamos con el Príncipe, y este debe tener capacidad de discernir quién dice qué y por qué. Ahora se le llama consejeros o asesores. No dicen lo que deben, sino lo que les asegura su puesto o agrada a los oídos del Príncipe. Si el líder no controla este aspecto, la vanidad le hará caer en desgracia en breve porque no podrá actuar sin alabanzas y buscará el premio haciendo caso a los aduladores, que se convierten así en un gobierno en la sombra”, página 73. ¡Excelente puntualización!
La avaricia es otro de los componentes que suelen poseer quienes buscan obtener poder; esta la hemos establecido dentro de lo que son las miserias humanas que rodean al individuo. La misma es definida por el diccionario de la RAE como el “Afán desmedido de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”, lo que unido a lo que en párrafos anteriores hemos contextualizado de manera breve y que también más adelante observaremos, como es el poder que da el dinero, siendo estos dispositivos los que lamentablemente terminan engullendo a la persona dentro de un raro laberinto del cual difícilmente logre salir.
El poder que se logra a través del dinero, es semejante a un yunque que se coloca sobre arena movediza, el cual si una vez obtenido no se sabe manejar con los criterios éticos requeridos, que es caminar sobre los difíciles trillos de la transparencia, ese poder conseguido bajo la sombra de un falso liderazgo, es fácil que termine lacerando las aspiraciones no solo de los individuos que los poseen, sino de los pueblos mismos, pues no debemos olvidar, que “El buen gobernante es aquel que sabe preservar la riqueza de su reino y también como acrecentarla”, página 84.
Es por ello, que además de El Príncipe, una obra sobre la cual continuaremos navegando en una próxima entrega, recomendamos leer los libros, El arte de la guerra, de Sun Tzu y El Político, del madrileño José Martínez Ruiz, mejor conocido como “Azorín”, en ambos textos, quien aspira desarrollar habilidades políticas podría encontrar todo un manantial de valiosas observaciones que les podrían servir de mucho, tanto para la búsqueda como para el manejo del poder una vez obtenido.