Hacia un parto humanizado
La necesidad de transformar la atención materna en República Dominicana
Para muchas mujeres en el país, ese momento termina convirtiéndose en una experiencia marcada por intervenciones innecesarias

Parto Natural
Por: Taina Agramonte Hidalgo
Toda mujer que ha estado embarazada conoce bien esa mezcla de emoción, miedo y esperanza que acompaña el camino hacia el nacimiento. Parir no es solo un evento médico; es un proceso fisiológico profundamente íntimo, poderoso y transformador. Sin embargo, para muchas mujeres en República Dominicana, ese momento que debería vivirse con respeto y acompañamiento termina convirtiéndose en una experiencia marcada por intervenciones innecesarias, poca escucha, maltrato verbal o decisiones tomadas sin su consentimiento.
1. Proyecto de Ley
En ese contexto, en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados se conoce un proyecto de Ley de Parto Humanizado, propuesto por el diputado Wandy Batista Gómez. Su propósito es preciso: garantizar que cada mujer sea tratada con dignidad antes, durante y después del parto, y erradicar la violencia obstétrica y ginecológica que, aunque muchas veces es invisibilizada, deja cicatrices físicas y emocionales.
El proyecto reconoce derechos básicos y profundamente humanos: elegir dónde parir, ser escuchada, participar activamente en las decisiones, recibir un trato digno, tener acceso al apego inmediato e iniciar la lactancia materna con su bebé. También define qué prácticas constituyen violencia, desde cesáreas injustificadas hasta negar la presencia de un acompañante o interrumpir sin motivo el contacto piel con piel entre madre y bebé. Así mismo, establece un régimen de sanciones para los profesionales de la salud que incurran en estas faltas, a conocerse en la jurisdicción penal ordinaria.

Taina Agramonte Hidalgo
2. Datos relevantes
Estas medidas no serían un simple formalismo, sino la respuesta a una realidad que se puede medir. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que la tasa ideal de cesáreas justificadas debe oscilar entre 10% y 15%. En República Dominicana, esa cifra se elevó a 58.1% según los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) de 2015, ubicando al país entre los más intervenidos del mundo. Para entender la magnitud del problema: ese porcentaje superaba incluso a Brasil en ese momento, un país que históricamente ha liderado este indicador. En 2023 Brasil alcanzó 59.7%, lo que invita a cuestionar si seguimos ocupando una posición igual o peor, un dato pendiente de actualización, pero que no deja de ser preocupante.
Y estos números no son indiferentes. Según el Protocolo de Actuación para la Reducción de Cesáreas Innecesarias del Ministerio de Salud Pública (Resolución 0019-00), la cesárea implica un incremento significativo en el riesgo de morbilidad y mortalidad materna si se compara con el parto vaginal. Es decir, cuando una cesárea se hace sin indicación clínica real, no solo se medicaliza innecesariamente a la mujer, sino que se le expone a un riesgo mayor.
Detrás de cada estadística hay un rostro. Mujeres que sintieron miedo, que tuvieron poco acceso a información, que fueron ignoradas y que no pudieron decidir. Y también profesionales de la salud que trabajan bajo presión, con poca o nula formación en parto respetado, con sistemas que priorizan la rapidez o adecuación de la agenda sobre la calidad humana.
3. Invitación al cambio
Este no es un señalamiento individual: es un llamado a transformar el modelo de atención y un sistema que, sin querer, está reproduciendo prácticas que lesionan a la díada madre-bebé y una invitación a que, independientemente de si es vía vaginal o por cesárea, el parto sea respetado.
Además, al margen de lo que se pueda avanzar con una eventual aprobación del proyecto de ley, desde el punto de vista médico es ineludible dar una mirada ética a las cesáreas electivas, esto implica apreciar la autonomía de la voluntad materna para decidir sobre su cuerpo frente a la maleficencia en salud (no causar daño) y los riesgos inherentes de una cirugía mayor -como es la cesárea- en embarazos sin complicaciones.
4. Enfoque sistémico e integral
Para cambiar el estado actual, aprobar una ley es solo el primer reto. Una transformación integral requiere sensibilización, formación y compromiso institucional. El Ministerio de Salud Pública tendría que actualizar o promover las guías y protocolos sobre parto respetado y atención ginecológica digna; fortalecer el sistema de salud con personal capacitado, además de contar con suministros, insumos y una infraestructura adecuada en el servicio (por ejemplo, habilitando habitaciones TPR -trabajo de parto, parto, recuperación-).
Mientras que de los prestadores de servicios de salud se esperaría el fortalecimiento del consentimiento informado, crear comités de ética y establecer mecanismos de denuncia accesibles y seguros. La atención debe estar centrada en la mujer, entendiendo que cada parto es una experiencia única que requiere tiempo, cuidado y escucha.
En cuanto a la academia, los planes de estudio de medicina, enfermería y especialidades relacionadas deberían incluir, entre otras cosas, temas de formación y atención al parto respetado, intervención mínima en casos de mujeres sanas. Además de ampliar la formación técnica y profesional para otros actores que, con la capacitación adecuada, pudieran atender ciertos embarazos y partos en mujeres sanas.
5. Avances implementados en el país
Vale resaltar el progreso que significa el “Programa de Especialización del Personal de Enfermería en Salud Materno Neonatal de Bajo Riesgo y Planificación Familiar” como parte de los esfuerzos por lograr reducir a cero las muertes maternas y neonatales prevenibles, implementado por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), el Ministerio de Salud Pública (MSP) y el Servicio Nacional de Salud (SNS), con el apoyo de la OPS/OMS, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Project HOPE y la Fundación Popular.
Además, contamos con la guía “Orientaciones Técnicas para la Atención Obstétrica y Neonatal con Perspectiva de Género” emitida en el 2021 por el Ministerio de Salud Pública junto a UNICEF.
6. Experiencias latinoamericanas recientes
Otros países ya están avanzando. Mirar otras experiencias pudiera nutrir el diálogo. México, por ejemplo, integró recientemente la partería tradicional a su sistema de salud mediante la Norma Oficial Mexicana NOM-020-SSA-2025, para el establecimiento de salud y el reconocimiento de la partería, en la atención integral materna y neonatal, del 4 de marzo de 2025. Dentro de los perfiles reconocidos está la Licenciatura en Partería, la Licenciatura en Enfermería y Obstetricia y la Especialidad en Enfermería Perinatal.
En Colombia, la Corte Constitucional declaró la partería como saber ancestral y patrimonio cultural mediante Sentencia T-128 del 19 de mayo de 2022, donde determinó que la partería es una forma de proteger los derechos reproductivos de las mujeres en las comunidades donde se practica. La Corte exhortó al Ministerio de Salud y Protección Social para que integre a las parteras tradicionales en el Sistema General de Seguridad Social en Salud y al Congreso de la República para que legisle sobre la partería y su articulación con el sistema de salud. Estas experiencias muestran que es posible construir modelos más humanos y cercanos.
7. Reflexión final
Con este proyecto, nuestro país tiene hoy la oportunidad de dar un paso adelante en protección de derechos. Apostar por el parto humanizado no es solo adoptar una ley: es asumir una visión de país donde las mujeres sean tratadas con respeto, donde el nacimiento sea un acto de cuidado y donde cada bebé llegue al mundo en un entorno que reconozca la dignidad de su madre y la de él.
Porque ningún parto debería dejar cicatrices emocionales. Y ningún sistema de salud debería olvidar que, detrás de cada procedimiento, hay una historia, una familia y una vida que empieza.