Santo Domingo 0ºC / 0ºC
Guardianes de la verdad Opinión
José Miguel Gómez

José Miguel Gómez

Creado:

Actualizado:

Millones de personas en todo el mundo, después de su jubilación, entran en aislamiento, soledad, desmotivación, falta de voluntad y pérdida del enfoque y de los propósitos de vida.

En occidente y Latinoamérica, la jubilación es un proceso que, junto a la vejez representa cierto sentimiento de inutilidad, apatía y de resignación, en aceptar los cambios de la vida, pero de forma negativa. Son pocas las personas que preparan su jubilación para darle continuidad a su vida en todos los órdenes: salud, finanzas personales, ejercicios, actividades sociales, espiritualidad, semi ocupación laboral, vida en pareja y familia, vacaciones, calidad y calidez de vida, bienestar social y felicidad.

Cuando una persona no prepara su jubilación en lo emocional, lo psicológico, lo afectivo y lo adaptativo, le espera daños colaterales en su salud mental: depresión, ansiedad, insomnio, trastornos psicosomáticos, melancolía, alcoholismo, desesperanza, vacíos existenciales, culpa y victimización por la falta de planificación o decisiones poco asertivas en su vida.

Puede leer: Marileidy Paulino: una atleta resiliente

Uno de los órganos que más se afecta en la jubilación inactiva es el cerebro. La neurocognición cerebral se empieza a deteriorar debido a la falta de ejercicio del cerebro. Cuando una persona deja de leer, escuchar música, socializar con personas, no camina, no baila, no se ríe, no asiste a tertulias ni encuentros sociales; su cerebro se empieza a poner mas lento, es decir, se pierden conexiones nerviosas y químicas; por lo tanto, las habilidades y destrezas cerebral se ponen mucho mas lenta o torpe.

Funciones cerebrales como la atención, concentración, juicio crítico, capacidad de asociación de ideas, memoria, razonamiento, capacidad de abstracción y de cálculo se van afectando en toda la corteza prefrontal, cuando se jubila el cerebro.

Su cerebro no lo jubile, tiene que mantenerlo funcionando, para que se produzca mejor neuroplasticidad cerebral, o sea, mejor conexión de células nuevas cargadas de energía, de químicos que aporten a la cognición.

Cuando una persona ejercita el cerebro abrasando, riendo, bailando, caminando, nadando, viajando y en contacto social; sencillamente activa sus químicos cerebrales: dopamina, serotonina, noradrenalina, endorfina, oxitocina etc. El cerebro de esta persona se mantiene enfocado, activado, demanda más glucosa, más energía y mejores pensamientos; pero también, mejor humor, mejor estado emocional y afectivo.

Las personas que jubilan su cerebro, son las que empiezan a más temprana edad a tener olvidos, dificultad en su memoria de trabajo, torpeza y falta de concentración, o lentitud y desatención.

El cerebro es un órgano social, que necesita reconectarse, aprender nuevas ocupaciones y nuevas experiencias. Necesita que lo estimulen, lo activen y lo mantengan enfocado en varias direcciones y necesidades.

Un cerebro poco ocupado y desestimulado se va atrofiando, se pone lento, va perdiendo su energía y sus células se van desconectando.

Nunca jubile su cerebro, ni su espiritualidad, ni su voluntad, ni su enfoque en una vida útil y equilibrada. El uso de una buena alimentación y de vitaminas B12 también ayudan.

Los años, ni las enfermedades, ni la perdida de trabajo, ni muerte de parejas o amigos, pueden representar una jubilación de su actividad cerebral.

La clave es, mantener un cerebro ejercitado, activo, enfocado, socializando, para un buen equilibrio.

Sobre el autor
José Miguel Gómez

José Miguel Gómez

tracking