No te impacientes

MONTSERRAT-BOGAERT
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Eclesiastés 3:1
Por qué nos dejamos atrapar por la impaciencia, si la Palabra afirma que “todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”? Por más que nos afanemos, no podremos añadir ni un minuto extra a nuestra vida. Sin embargo, la prisa nos gobierna hasta llevarnos a actuar movidos por el deseo inmediato, en vez de esperar el plan perfecto de Dios.
Y es entonces cuando llegan los tropiezos: decisiones fuera de lugar, esfuerzos sin fruto y caminos que terminan en frustración. Todo eso podría evitarse si ejercitáramos la virtud de la paciencia y aprendiéramos a confiar en el Señor
¿Cuántas heridas y desilusiones serían evitadas si supiéramos esperar?
¿Cuántos matrimonios, ministerios, empresas, proyectos o amistades se han roto antes de tiempo? Simplemente porque no esperaron la hora señalada por el Señor.
Si entendemos que lo que se hace en nuestro tiempo carece de respaldo celestial, no insista. El hombre y la mujer que confían en Dios no se mueven hasta tener la certeza de que es Su tiempo.
No te precipites ni entres en afán. Aprende a esperar, porque quien sabe esperar en el Señor recibe lo mejor: cosechas abundantes, bendiciones plenas y frutos preparados desde la lluvia temprana hasta la tardía. Esa es la herencia de los que confían y descansan en el tiempo de Dios.