La obra de Isabel Martínez Gordo

Migración por el mundo
Los movimientos migratorios impactan a las sociedades receptoras en el ámbito cultural y lingüístico, dejando huellas que se prolongan a través de los tiempos.
Las oleadas migratorias vienen arrastradas por los vientos de la economía y por las convulsiones sociales, que obligan a las personas a buscar el sueño de la paz y la prosperidad.
República Dominicana y Cuba fueron en diversos estadios de su historia receptoras solidarias de inmigrantes, que, primero, buscaban refugio por las guerras y persecuciones políticas, y luego que venían por atracción de una economía en plena florescencia, demandante de masivas manos de obra.
En Cuba se dio el caso de una gran inmigración de colonos franceses procedentes de la vieja colonia de Saint-Domingue, a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con la revuelta de los antiguos esclavos, que dio como consecuencia el surgimiento del Estado de Haití. Esos colonos, tal y como lo trata Alejo Carpentier en su obra “El Reino de este Mundo”, encontraron en Cuba, sobre todo en Oriente, la tierra prometida donde podían respirar un hálito de paz tras haberlo perdido todo en la guerra.
La llegada de colonos franceses con sus esclavos generó un primer contacto lingüístico del español cubano con la lengua criolla surgida en la vieja colonia de Saint-Domingue, produciendo el bilingüismo, que a su vez genera fenómenos como la diglosia (Ferguson 1959), la interferencia, la alternancia y el préstamo.
Una segunda oleada de inmigrantes procedentes de Haití reforzó el contacto lingüístico ya iniciado durante la colonia en Cuba. Esto sucedió con la estampida migratoria iniciada con el auge de la industria azucarera, que atrajo a miles de trabajadores haitianos a los campos cubanos. En esas comunidades surgió un bilingüismo que dejó una impronta y un terreno fértil para los estudios sociolingüísticos. Tal pasó también en República Dominicana, en los antiguos bateyes azucareros.
Isabel Martínez Gordo, investigadora y profesora de la Universidad de La Habana, ha realizado una amplia investigación sobre ese contacto lingüístico entre el español cubano y el creole haitiano, que ha recogido en una obra llamada Contactos lingüísticos caribeños en Cuba, que no sólo recoge los fenómenos dejados por el creole haitiano, sino también la influencia de las demás lenguas de las Antillas en Cuba. Ya sobre el tema había escrito Fernando Ortiz (1924), Vicente Figueroa Arencibia (1992) y Luis Ortiz López (1998).
La obra, muy bien documentada, está adornada con la lumbre de los más reputados exponentes internacionales del estudio del contacto lingüístico, con Charles Ferguson, John Holm, Claire Lefebvre, Germán de Granda, Humberto López Morales y Albert Valdman, entre otros que alumbraron con su sapiencia este mundo maravilloso de la investigación sociolingüística.
Luego, doña Isabel, con la antorcha del rígido método de investigación sociolingüística, entra al terreno para darnos a la luz un trabajo exquisito y apasionante que describe perfectamente los fenómenos dejados por el contacto lingüístico caribeño en Cuba, especialmente el creole haitiano.
La obra está compuesta de tres capítulos, el primero trata sobre el Caribe y sus lenguas criollas, profundizando en la lengua criolla haitiana, su estatus y componentes, mientras que el segundo analiza los contactos lingüísticos caribeños en Cuba.
En el capítulo tres de esta maravillosa obra, Martínez Gordo desempolva el mito de la existencia de un “patois cubano”, y mediante un análisis comparativo minucioso, en el orden léxico, sintáctico y fonológico.
Ya doña Isabel había dado a conocer al mundo el libro Algunas Consideraciones sobre Patois Cubain, de Fernando Boytel Jambú (1989). En una visita que le hicimos a su casa en Alamar, afuera de La Habana, nos contó doña Isabel que encontró el libro en un viaje que hizo a un museo en reconstrucción en Santiago de Cuba y que lo fotocopió. Doña Isabel tuvo la oportunidad histórica de entrevistar al profesor Boytel Jambú, quien vivía en Santiago, y escuchó la narración del sendero seguido por el profesor cubano para lograr su obra.
En esta obra, Martínez Gordo reafirma la conclusión a la que había llegado en Algunas Consideraciones sobre Patois Cubain, de Fernando Boytel Jambú: el supuesto “patois cubano” es básicamente creole haitiano, con ciertas interferencias lingüísticas hispánicas.
La obra de Martínez Gordo plasma las huellas léxicas dejadas por el creole haitiano en el español cubano producto de esa presencia masiva de inmigrantes en los campos azucareros. También contiene un repertorio de los cantos de las tumbas francesas en el Oriente de Cuba, manifestación cultural llevada por los colonos franceses y sus esclavos y que ha perdurado hasta nuestros días.
Doña Isabel también nos ha legado los estudios “Lengua Bozal como lengua criolla: un problema lingüístico” (1982), “Sobre hipótesis de un patois cubano” (1983), “Penetración española en los textos de tumba francesa” (1984), “Situación del bilingüismo en Cuba” (1985) y “Dos testimonios sobre el habla bozal en Cuba”, (1998-99), entre otros.