Memorándum
Panegírico a mi sobrino Juan Manuel Guerrero de Jesús
La comunidad jurídica nacional acaba de despedir a uno de sus más destacados miembros: el licenciado Juan Manuel Guerrero

Juan Manuel Guerrero de Jesús
La comunidad jurídica nacional acaba de despedir a uno de sus más destacados miembros: el licenciado Juan Manuel Guerrero, mi sobrino de todo corazón, un referente del fascinante quehacer jurídico. Su ausencia física es la señal de que pasa a otra dimensión en la existencia humana. Ahora su nombre pasa a ser sinónimo de ejemplo de integridad y elevados principios, que será recordado como un hombre topado de sabiduría, humildad, dedicación y entrega a las mejores causas.
Con Juan Manuel se fueron muchas cosas. Se fue el hijo ejemplar, el esposo leal, el amigo solidario, responsable y fiel defensor de los derechos del ciudadano ordinario. Se fue, pero queda su legado indestructible. Su madre, Odila, su esposa Johanna, sus hermanos Rubén Darío, Francis Alexis y Rosa Elvira; sus tíos, entre los cuales se encuentra el autor de esta nota, así como todos sus familiares, debemos estar tranquilos y orgullosos de haber tenido a un mentor que desde hoy será recordado con el más sublime respeto por su versatilidad, eficiencia académica y capacidad pedagógica, cualidades que lo convierten en uno de los abogados más completos del quehacer jurídico nacional.
Este brillante profesional y hombre bueno ejerció la docencia universitaria por más de tres decenios ininterrumpidos, dedicado a la enseñanza del derecho, formando generaciones de profesionales en áreas como derecho administrativo, historia del derecho, civil, laboral y de garantías, así como en la coordinación de postgrado. Estas cátedras las impartía en centros de altos estudios, principalmente en la Madre y Maestra, Escuela Nacional de la Magistratura y en universidades de Madrid. Su trayectoria estuvo signada por un compromiso ininterrumpido con la ciencia, dejando una huella profunda con estudiantes y colegas, quienes resaltan su influencia más allá de las aulas. El es, en el orden humano, una de las representaciones más perfectas del hombre, de ese maravilloso forjado por Dios a su estilo y semejanza
“No muere la persona que vive en el recuerdo y en el afecto de sus amigos”, emblemática frase legada por el pensador francés Montaigne. Felices y orgullosos los que estén dotados de visión para interpretar ese mensaje de optimismo. Juan Manuel, sin lugar a dudas, será recordado con los más puros sentimientos de respeto, admiración, gratitud y cariño porque fue un ser excepcional que sembró la semilla del amor y pudimos leer en su corazón toda la grandeza de su alma noble. Juanma (así le decíamos), tu madre Odila, tu esposa Johanna, tus hermanos, tíos, sobrinos, primos te decimos hasta luego.