Feminismo
Las pioneras del feminismo y la doctrina Monroe

Retrato
El movimiento de mujeres organizadas en torno a la ciudadanía dominicana surge de la lucha antiimperialista contra la primera intervención estadounidense en el país (1916–1924). Sus raíces se afirman en un pensamiento crítico frente a la doctrina Monroe de 1823, principio que justificó la injerencia norteamericana en la región y que, más de un siglo después, ha sido reactivado bajo la administración trumpista.
El rescate de los archivos de la revista Fémina, dirigida por Petronila Angélica Gómez Brea, pone en evidencia una verdad histórica que interpela las posturas actuales de mujeres y hombres. Más aún, si recordamos que nuestras pioneras, privadas de derechos civiles y políticos, asumieron con valentía un rol que marcó el rumbo de la ciudadanía femenina en el país.
En 1922, fueron las primeras en alertar, con recelo y desconfianza, sobre el supuesto plan de desocupación que circulaba entre las organizaciones cívicas, a las cuales pertenecían como maestras formadas en la metodología normalista. Específicamente se dirigieron a Federico Velázquez y Hernández, Juan Baustista Vicini Burgos y a Horacio Vásquez, quien sería luego presidente de la República Dominicana.
En su editorial “Amanecerá?...”, Petronila Angélica Gómez Brea advertía a los políticos dominicanos sobre los “tentáculos del monrealismo” con estas expresiones categóricas: “¡Ojalá que así sea! ¡Ojalá que, desoyendo la Casa Blanca los aviesos consejos del imperialismo, que tanto recelo y desconfianza han despertado contra los EE. UU., proceda esta vez con el tino y la equidad apetecidos!”… La expresión surge por vivir en carne propia las políticas impuestas por el general intervencionista Joseph H. Pendleton.
En 1923, las pioneras rescataron la entrevista imaginaria del profesor y feminista Francisco Amiama Gómez, titulada “Los muertos hablan. Diálogo entre José Martí y Eugenio María de Hostos”. A través de este recurso, se colocó en voz de los pensadores antillanos la propuesta de solución frente al imperialismo estadounidense que sometía al Caribe, repasando las ideas de una unión necesaria entre todas las naciones de América.
Así Martí y Hostos, los imaginarios, hablan de la unidad de las Américas, ante los atentados imperialistas:
Martí —¿Crees tú —Hermano Eugenio María— que se hermanarán todos estos pueblos?
Hostos —Con más sólidos vínculos que los que quiso atar Bolívar en el 1822, cuando —como visionario— vio la garganta de Darién próxima a ser abierta en canal entre mar y mar.
Martí —Tienes razón; yo creo también que la común necesidad reunirá a las 20 Repúblicas del Habla Común en una Potencia de primer orden que se denominará Los Estados Unidos de la América Latina que será la balanza del Nuevo Mundo y el balancín del desquiciado Mundo que hoy arde en guerra insana. (...)
Sin dudas, ante la vida bajo la sombra de la intervención militar estadounidense, que justificaba su presencia con el discurso de “orden y progreso”, la revista Fémina (1922-1939) fue el espacio donde las mujeres dominicanas leyeron, imaginaron y articularon un pensamiento crítico sobre la soberanía, la educación y la ciudadanía.
El gran aporte de estas pioneras fue vincular la lucha por los derechos de las mujeres con la resistencia ante las huestes intervencionistas. Para ellas, la emancipación de la mujer no podía darse en un país sometido, invadido. Así, el feminismo dominicano de los años veinte se convirtió en un movimiento doblemente emancipador: contra el patriarcado y contra el imperialismo. Todo esto está documentado en más de 300 archivos.