Guardianes de la verdad Opinión
Samuel Luna

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Suena el celular a las tres de la mañana, me levanto un poco asustado debido a ese timbre fuera de lo normal, en fracciones de segundos salta en mi mente una pregunta en forma de duda: ¿Quién murió? Es que nadie llama a esa hora de la madrugada si realmente no existe una emergencia. Cuando respondí la sorprendente llamada, una voz tortuosa e intermitente salía del celular, penetrando en mi oído izquierdo la noticia que no quería escuchar. Confirmé mi duda, había muerto un amigo muy cercano. Ahora debo estar presente en el entierro y también iniciar los preparativos, suspender las actividades que ya estaban en mi calendario.

Una llamada como esa es como un eje de rotación donde todos nos acercamos debido a una fuerza centrípeta moral y cultural. El eje de rotación, en este caso sería la muerte, nos arrastra de forma obligatoria para juntarnos, saludarnos y nos lleva a un punto reflexivo, nos preguntamos qué es lo más importante en la vida. ¿Por qué esperar hasta que alguien muera para juntarnos?

Una semana después entró a mi celular otra llamada y de mucha importancia; pero esta vez, a las tres de la tarde. A esa hora es normal recibir llamadas, por eso mi corazón no saltó, no hubo temor, ni incógnitas. Cuando respondí la llamada, pero esta vez me llevé el celular al oído derecho, la voz no era
intermitente, sonaba con alegranza, sosegada e inspiradora. ¡Que bueno! La llamada era de uno de mis hijos, para declararme que muy pronto estaría casándose. El me expresó que le gustaría ver a sus tíos y primos en su boda. Así fue, nos preparamos y fuimos a la boda. Muy interesante, también la boda, como el funeral, nos une de forma centrípeta; claro, el ambiente emocional es diferente, pero los resultados son los mismos. Es que en la boda, como en el funeral, nos encontramos con personas que teníamos muchos años sin vernos, hacemos historias de nuestra infancia, nos transportamos a nuestro sector donde crecimos juntos, recordamos nuestros años eclesiásticos, escolares y universitarios. ¿Por qué esperar hasta que alguien se case para juntarnos?

La vida está llena de sorpresas, algunos mueren, y la sala o la funeraria se nos llena de amigos, de familias y vecinos. Lloramos juntos y recordamos. También cuando alguien se casa sucede lo mismo. De hecho, he notado que cuando estamos en la funeraria o en una boda nos encontramos con personas que por años no nos habíamos visto, nos sorprendemos y contamos en la mente cuantos años teníamos sin vernos. Notamos los pliegues de las caras, las canas y las calvicies, los sentimientos se mezclan, hay tristeza pero también un gozo por el hecho de encontrarnos, de tocarnos y recordar cosas de la infancia. ¿Por qué esperar hasta que alguien muera o se case para juntarnos?

Es interesante como la muerte y una boda son fenómenos de unión para los que están vivo y de separación para los familiares del difunto. Ahora que estamos vivos, debemos buscar un puente que nos acerque, una práctica intencional que nos una, que nos lleve a cultivar las relaciones y las amistades de forma sana y fructífera. No existe una fórmula, una píldora, o una clase extracurricular para crear ese puente, cada persona debe fabricarlo dentro de sus realidades y experiencias.

La vida es corta, también la vida es relación. Mientras estemos vivos debemos ser intencionales con nuestras amistades y relaciones; para lograr ese puente hay que sanar cualquier herida que nos impida crecer. No debemos esperar a que muera o se case alguien para cultivar las viejas y nuevas relaciones. Una buena relación también es transformación.

La vida es relación, es sinergia, la vida se nos va y lo único que dejamos son los recuerdos que cultivamos durante los días que estamos en esta tierra. El amor es un ejercicio espiritual. ¿Por qué esperar hasta que alguien muera o se case? ¿Por qué esperar?

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Samuel Luna

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