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Guardianes de la verdad Opinión
Nelson Marte

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Muchos dominicanos se preguntan ¿por qué en apenas cinco años el presidente Luis Abinader y el PRM han exaltado en el Altar de la Patria a figuras como Rosa Duarte, Ercilia Pepín, Gregorio Urbano Gilbert y Juancito Rodríguez, mientras que Leonel Fernández y Danilo Medina no lo hicieron en sus veinte años de gobierno?

La respuesta es sencilla: Luis Abinader rescata del olvido a esos grandes patriotas porque proviene de un hogar donde los ecos de la Patria siempre resonaron.

Su padre, el doctor José Rafael Abinader, formó parte del núcleo antitrujillista que encabezó el héroe nacional Salvador Estrella Sadhalá, uno de los valientes que ajusticiaron al dictador Rafael Leónidas Trujillo.

Nacido tras la caída del tirano, Luis creció viendo y oyendo a su padre debatir con pasión sobre los temas esenciales de la libertad, la democracia y el desarrollo del pueblo dominicano.

Fue testigo de la formación de su progenitor como intelectual, académico y político cimentado en sólidos principios éticos y democráticos.

Desde joven supo que su padre había sido alto funcionario del primer gobierno democrático tras la tiranía, custodio del gobierno constitucionalista de 1965 y figura destacada del Movimiento Renovador de la UASD, faro del pensamiento liberal nacional.

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Ese entorno explica por qué el presidente Abinader ha procurado honrar, con justicia y sentido histórico, a héroes y heroínas que marcaron el rumbo de la Nación.

Bajo su mandato, Rosa Duarte —no solo la hermana del fundador, sino patriota de méritos propios— fue inmortalizada su memoria con un monumento en el Altar de la Patria.

Asimismo, Abinader ha exaltado a la gran maestra nacional Ercilia Pepín, a Gregorio Urbano Gilbert, combatiente contra la intervención norteamericana de 1916, y recientemente a Juancito Rodríguez, quien enfrentó con honor y valentía a la dictadura de Trujillo.

En cambio, Leonel Fernández y Danilo Medina cargan con la afrenta de haber llegado al poder —y ejercido el gobierno durante dos décadas— gracias al mal llamado “Frente Patriótico”, un Pecado Original en el que Juan Bosch sacrificó sus principios éticos y democráticos ante Joaquín Balaguer, quien representó todo lo contrario a los ideales del primer presidente democrático tras la dictadura.

Balaguer, auto confeso cortesano del trujillato, utilizó métodos contrarios a la institucionalidad para entronizar al PLD en el poder en 1996. Esa herencia operó como una maldición: el llamado “Nuevo Camino” de intelectuales progresistas degeneró, con el tiempo, en dos décadas marcadas por la corrupción, la impunidad y el deterioro institucional.

El PLD de Leonel y Danilo terminó renunciando a los principios éticos y democráticos que proclamaba, convirtiéndose en una maquinaria política pragmática, sin alma patriótica, que copió lo peor de Balaguer y olvidó lo mejor de Bosch.

Al hacerlo, rompió su vínculo moral con los héroes y mártires que dieron sentido a la República.

Por eso, en apenas cinco años, Luis Abinader ha sabido reverenciar a los grandes patriotas de la historia nacional como no lo hicieron Leonel y Danilo en veinte.

Porque, más allá de la política, en Luis late un auténtico espíritu patriótico heredado de su formación familiar y de su compromiso con la esencia misma de la dominicanidad.

¿Por qué Luis realza el legado patriótico, y Leonel y Danilo no?,¿Por qué Luis realza el legado patriótico, y Leonel y Danilo no?

¿Por qué Luis realza el legado patriótico, y Leonel y Danilo no?

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Nelson Marte

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