Opinión

Distrito Nacional

El precio del populismo urbano: Los Platanitos

La reciente visita del presidente Luis Abinader al sector Los Platanitos, donde prometió mitigar las inundaciones mediante la limpieza y construcción de imbornales y filtrantes, vuelve a colocar sobre la mesa un problema mucho más profundo: el de los asentamientos humanos en espacios inadecuados.

Los Platanitos

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La reciente visita del presidente Luis Abinader al sector Los Platanitos, donde prometió mitigar las inundaciones mediante la limpieza y construcción de imbornales y filtrantes, vuelve a colocar sobre la mesa un problema mucho más profundo: el de los asentamientos humanos en espacios inadecuados. Lo ocurrido en este barrio no es un caso aislado, sino el reflejo de una dinámica urbana desordenada que se ha extendido por décadas como resultado del éxodo campo-ciudad y la ausencia de planificación efectiva.

Ubicado en pleno Distrito Nacional, próximo a importantes ejes como las avenidas Winston Churchill y John F. Kennedy, y rodeado de sectores de alto valor como el Ensanche Paraíso, Los Platanitos presenta una paradoja urbana evidente. Se trata de un asentamiento levantado sobre terrenos originalmente bajos, concebidos como áreas verdes, que funcionan como una depresión natural donde confluyen las aguas provenientes de zonas más elevadas como Los Prados y otras áreas circundantes. A esta condición geográfica se suma la presencia de una cañada que bordea el sector. Cada episodio de lluvias intensas provoca su desbordamiento, permitiendo que el agua penetre directamente en las viviendas. No se trata, por tanto, de un problema coyuntural, sino estructural. Las soluciones planteadas hasta ahora resultan claramente insuficientes. La limpieza de filtrantes e imbornales puede aliviar temporalmente la situación, pero no corrige la raíz del problema. Se requiere una intervención integral del sistema de drenaje pluvial: canalización adecuada de la cañada, incluso su revestimiento en hormigón o entubamiento en tramos críticos, construcción de colectores de mayor dimensión y un diseño que garantice una salida efectiva del agua hacia un sistema mayor.

Sin embargo, la realidad topográfica impone un desafío adicional: el sector se encuentra por debajo del nivel de evacuación natural. En consecuencia, cualquier solución definitiva tendría que contemplar la instalación de estaciones de bombeo que permitan elevar el agua acumulada hacia puntos de descarga viables.

Todo esto implica una inversión considerable. Por ello, no debe descartarse una alternativa difícil pero necesaria: la reubicación de las familias que habitan en las zonas más vulnerables.

Los Platanitos no es una excepción. Situaciones similares se registran en sectores como La Zurza, por su proximidad al río Ozama; Gualey, por la presencia de cañadas y deficiencias en el drenaje, y Los Ríos, donde la topografía favorece la acumulación de agua.

Lo que allí ocurre no es una sorpresa ni un accidente. Es la consecuencia previsible de haber permitido el establecimiento de comunidades en el fondo de cuencas naturales, atravesadas por cañadas y rodeadas de urbanizaciones que incrementan la escorrentía hacia los puntos más bajos. Cada lluvia no hace más que evidenciar un problema que ha sido ignorado durante décadas. A esto se suma un factor agravante: el cambio climático. 

Eventos de lluvias más intensas y frecuentes, incluso fuera del contexto de tormentas o ciclones, incrementarán la vulnerabilidad de estos asentamientos. Para sus residentes, esto se traduce en pérdidas recurrentes de bienes y, en los casos más extremos, de vidas humanas. El origen del problema también tiene un componente político. Durante años, distintas administraciones permitieron, por populismo o por evitar costos políticos, la expansión de viviendas en zonas claramente inadecuadas. La solución, inevitablemente, será costosa y compleja. Pero posponerla o insistir en medidas parciales no solo es técnicamente ineficaz, sino social y políticamente irresponsable. El desafío para el Estado no es solo intervenir donde el problema ya existe, sino evitar que continúe reproduciéndose. Porque en materia de ordenamiento territorial, ignorar la realidad nunca ha sido una opción sin consecuencias.

Sobre el autor
Ramón Núñez Ramírez

Ramón Núñez Ramírez