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Guardianes de la verdad Opinión

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BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
La libertad sólo necesita un resquicio para abrirse camino. Pese a las dificultades que presentaba la tiranía de Trujillo la generación nacida durante el tiempo de su largo ejercicio del poder, siempre había una luz, una voz, un estímulo para descubrir que el país no siempre tuvo una bota pegada del cuello, que los hombres y mujeres no estuvieron toda la vida con la frente apuntando al suelo y la columna vertebral paralela al piso.

Una vez los dominicanos de generaciones anteriores tuvieron acceso a la libertad de expresión, al libre juego de las ideas, a comprar, leer y estudiar cualquier libro, no importaba la ideología que postulara.

El cerco se estrechaba cada vez y por algún lado tenía que estallar, como en efecto lo hizo cuando en enero de 1960 una buena parte de la mejor juventud de entonces fue apresada al ser descubierta mientras organizaba un movimiento político independiente cuyo objetivo era la toma del poder.

Fue importante entonces que la iglesia Católica asumiera una posición de dignidad y reclamara respeto a los derechos fundamentales.

¿Qué esperábamos que ocurriera?

El primer reclamo era por libertad, pero ¿qué es la libertad? La libertad es el derecho que tiene cada quien a hacer lo que le viene en ganas siempre que no perjudique a los demás ni viole ninguna ley.

Así las cosas ese ciudadano puede postular una opinión diferente a la de quienes mandan sin temor a ser reducido a prisión o asesinado al amparo de la oscuridad, puede transitar con toda libertad dentro del país y hacia el extranjero sin que persona alguna lo moleste salvo que viole alguna ley; tiene derecho a un buen sistema de salud y a un excelente sistema educativo, debe gozar de igualdad ante la ley para lo cual es preciso que el Poder Judicial ejerza sus funciones con idoneidad, con libertad, sin aceptar que el dinero tuerza y retuerza las leyes para complacer a quienes pagan.

Mi generación fue audaz, valiente, intrépida, decidida, dispuesta, sacrificada, capaz de emprender cualquier acto de heroísmo.

Esa generación imbuida de las mejores intenciones y con el sueño de la democracia en sus acciones, fue usada como punta de lanza por viejos marrulleros de la politiquería que lograron encaminar sus aspiraciones de gobernar para que el pueblo no pudiera imponer la democracia que aún necesitamos.

¡Lástima que la inexperiencia permitiera que los fuegos fatuos y los espejismos nos confundieran!

Lo peor de todo es que cuando los jóvenes llegaron al poder buscaron las borrosas copias al carbón del arte de gobernar para beneficio de unos pocos y repitieron y repiten las malas prácticas corruptas de un pasado que debía servir de modelo de cómo no hacer las cosas.

Lo importante ahora es la necesidad de que se aúnen voluntades para lograr que la democracia dominicana sea tal ya que con lamentaciones no se logran los cambios sociales y políticos necesarios.

¿Cuándo comenzamos?

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