Qué hacer con Haití
FRANCISCO ALVAREZ CASTELLANOS
El problema es mayúsculo, y los grandes países desarrollados parece que no se dan cuenta de ello. Haití, como nación propiamente dicho, es inviable. Sí, señores, ¡ inviable ! Solo hay que volar sobre territorio haitiano para que cualquiera se dé cuenta de qué digo y por qué lo digo. Un territorio devastado por la deforestación, con un mínimo de tierras cultivables, con poquísimos ríos, es un territorio en el que no pueden vivir ocho millones de personas.
No tomaré en cuenta las catástrofes que ha padecido Haití desde el mismo día de su independencia. Y pensar que Haití fue la colonia más rica que Francia tenía en ultramar. Sus tierras producían un café de gran calidad y mucho, pero mucho cacao, además de otros rubros agrícolas.
Cuando se produjo la independencia y con ella la libertad de los esclavos, el odio de éstos hacia sus antiguos dueños era tan grande que no se anduvieron con «prólogos» de ninguna especie y la emprendieron contra sus enemigos, sus mansiones…y sus plantaciones. Y así, eliminaron la riqueza de la que se había aprovechado Francia, pero al mismo tiempo tampoco pudieron aprovecharse de ella los antiguos esclavos. ¡Lo quemaron todo!
Haití ha sido una nación en la que ha habido desde presidentes, en su mayoría no electos (dictadores), hasta reyes y emperadores, que se vestían y emperifollaban igual que sus odiados franceses.
Y empezó la marcha hacia el vacío. Hoy, los haitianos no se bastan a sí mismos. Las pocas tierras con vocación agrícola que poseen podrían alimentar quizás a un millón de personas, pero jamás a ocho. Entonces, ¿ qué hacer ?
Bien, creo que no se puede pensar en que los haitianos dejen su país en busca de mejores horizontes. En primer lugar, no tienen a donde ir legalmente. Entonces vuelve la pregunta: ¿ Qué hacer ?
La República Dominicana enfrenta el problema de los inmigrantes ilegales, aquellos que pasan la frontera sin que ninguna autoridad se lo impida. Rompe el corazón de cualquier cristiano ver haitianas embarazadas, con un niño de meses en los brazos y tres o cuatro más a su alrededor. Ese cuadro se puede ver en muchas esquinas de esta capital…y todos viven de la caridad pública.
Y hay algo peor. Nadie sabe la cantidad de niños que ha nacido aquí de padres sin residencia legal. Y hay círculos criollos que claman para que a esos niños se les provea de sus actas de nacimiento reglamentarias, lo que los haría «ipso facto» dominicanos. Y dado el hecho de que las haitianas son sumamente prolíficas, no sería nada raro que de hacerse realidad la «dominicanización» de los niños «ilegales», en unos 30 años haya aquí tantos «dominicanos-haitianos» que muy bien pudieran formar un partido político y triunfar en unas elecciones.
Haití necesita ayuda de forma imperiosa. Es un pueblo digno de lástima por su turbulenta historia pasada y su historia presente.
Dado el caso de que no puede pensarse en devolver a las montañas y los valles la tierra fértil que las lluvias han lanzado al mar, debido a la erosión del suelo, hay que eliminar la posibilidad de que esa nación pueda autoabastecerse de los alimentos necesarios.
Sin embargo, sí hay algo que podría hacerse y que, incluso, haría que los haitianos que han salido de su país en forma clandestina regresen nuevamente al lar nativo.
Haití podría ser convertida en una enorme zona franca. Su posición geográfica la convierte en un lugar ideal para ello, dada su cercanía con Estados Unidos de América. Y habría trabajo para todos y dinero para que todos puedan alimentarse, vestirse, pagar los servicios de salud, de educación, etc.
Yo he pensado mucho en esa idea que, al mismo tiempo, se vería complementada con el inicio de un trabajo de reforestación de sus erosionadas tierras, en base a determinadas clases de árboles.
Y todo el mundo ganaría. Haití, porque habría trabajo para todos; los dueños de las zonas francas, porque tendrían una mano de obra más barata que en sus países respectivos y la República Dominicana porque se vería libre de un peligro, a largo plazo, pero peligro al fin y a cabo.
La isla «equilibraría» su población y su economía y volveríamos a vernos como vecinos y amigos, dualidad que muchos no ven actualmente.
Pensar de otra manera sería lo mismo que tratar de apagar un volcán en erupción. Porque eso es Haití en la actualidad: un volcán en plena erupción cuya «lava» correría por todos lados, llegando hasta sus vecinos más cercanos: nosotros.
Hay que impedir que Haití siga padeciendo. Hay que impedir que esa nación, que lograra su independencia hace más de 200 años, antes que cualquier otra nación del continente americano (excepto EUA), desaparezca como tal del mapa. Hay que impedir que los haitianos continúen matándose entre sí por un hombre que no lo merece.
¡ Hay que ayudar a Haití ! Ojalá nosotros poder hacerlo pero, desgraciadamente, también nosotros necesitamos ayuda.-