Que no se lleven la tierra
BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Pregunte en Miches qué dejó la mina de oro de «El Jobero» donde Doroteo sacó un trozo de mineral al cual le cabía una mano en el hueco, lo que permitió a mi madre decir: parece la oreja de un ídolo. Era la década de 1940. Muchos gambusinos lavaron pepitas, mimitos y hollando hallaron pedazos de peso considerable.
Todo ese oro se fue. Nada quedó en Miches. Dicen que algunos comerciantes de El Seibo compraban oro escondidos de las autoridades que Trujillo designó para que compraran todo lo que produjera la mina.
Pregunte en Pedernales qué dejó la mina de bauxita explotada por Alcoa Exploration Company, subsidiaria de Alcoa, la mayor productora de aluminio del mundo. Ya quedarán pocos de los que trabajaron con Vencedor Bello y otros personajes de la región sur que laboraron en esa explotación minera.
Ahora quedan unos socavones de tierra rojiza, dormidos en los atardeceres de El Aceitillar, donde las bandadas de cotorras acompañan la soledad de las temperaturas bajas, a veces bajísimas.
Pregunte en Cotuí qué dejó la mina de oro y plata cuya explotación era tan secreta que el gobierno del doctor Joaquín Balaguer tuvo que incautar un lingote de doré (aleación de oro y plata que se exportaba para obtener ambos minerales) para saber en qué proporción estaba uno y otro material para poder cobrarle a la empresa la parte correspondiente al Estado dominicano.
Pregunte en Bonao y La Vega que deja la mina que explota Falconbridge, concedida a precio vil.
Pregúntese cómo hemos sido gobernados, tradicionalmente, para favorecer a los extraños.
Lo principal del ingenio azucarero es la mezcla de razas y costumbres que produjo desde sus primeros momentos al tener que importar personal calificado en distintas artes industriales de las señalada y, además, que no se podían llevar la tierra.
La tierra de los ingenios está ahí y los que opera el sector privado producen pingües beneficios, porque no han sido víctimas de la voracidad de políticos ladrones que crearon y engrosaron sus patrimonio a costa de los ingenios del Estado y hoy exhiben riquezas mal habidas como si de tratara de oro de buena ley.
Ahora se están llevando arena, gravilla y otros tipos de agregados. Ojalá que del mismo modo que importamos azúcar, luego de haber sido exportadores confiables durante más de 150 años, mañana no tengamos que adquirir en el extranjero arena, gravilla y otros agregados para nuestra industria de la construcción.