Opinión

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Son visibles los esfuerzos desplegados por el mayor general Bernardo Santana Páez por mejorar el desempeño de la Policía Nacional, así como la imagen que esta proyecta hacia la ciudadanía, como notorios son también los cambios experimentados en el cuerpo del orden, y no tanto en su equipamiento y tecnificación como en su capacidad de respuesta frente al crimen y el delito, como lo demuestra la prontitud y profesionalidad con que ha resuelto importantes casos de secuestros en los últimos días. Decir que todavía falta mucho por hacer es, como quien dice, llover sobre mojado sabiéndose de sobra que una institución como la Policía no cambia su naturaleza de un día para otro, pero eso no quiere decir que esta sociedad acepte con resignación, como si se tratara de un mal inevitable, que con tanta frecuencia sus miembros se vean involucrados en actividades delictivas, como los cuatro agentes a los que se acaba de dar de baja de manera deshonrosa al establecerse que formaban parte de una banda dedicada a cometer todo tipo de tropelías. La limpieza, general, no puede detenerse.

Grito de auxilio

Organizaciones populares y comunitarias de Canca la Reyna, en Licey, acaban de implorar por alguna protección sea de parte de la Procuraduría General de la República, la Policía Nacional, el Ejército o quien se sienta responsable de ir en su auxilio, luego de que las familias Gil-Paulino, que mantienen una sangrienta rencilla desde hace dos años con un saldo de cinco muertos, se volvieran a enfrentar a tiros el pasado fin de semana, desatando una verdadera batalla campal en la que resultaron heridas de bala cuatro personas que, para colmo, ni siquiera tenían velas en ese pleito. Hay que imaginarse por lo que está atravesando esa gente, expuesta a la furia homicida de dos familias que han jurado matarse, pero tal y como denuncian las organizaciones comunitarias de Canca la Reyna no parece haber voluntad política de poner fin a esa insostenible situación, propia de los tantos macondos que todavía pueblan la geografía latinoamericana, muy a pesar de los pomposos discursos globalizadores y modernizantes que se pronuncian para darle gusto al viento.

Queja pública

No es aventurado decir que al secretario de Cultura, José Rafael Lantigua, le cayó como una pedrada en un ojo la breve nota publicada ayer en este diario en la que el director de la Cinemateca Nacional, Carlos Francisco Elías, pide excusas a la Unión Europea y al público amante del buen cine por los problemas presentados con el proyector de DVD, lo que obligó a la suspensión de la función programada como parte del ciclo de Cine Europeo que viene proyectando, con gran éxito de público, desde hace unas semanas. Hasta ahí no hay ningún inconveniente, pero en el siguiente párrafo reprocha al equipo administrativo de Cultura el no haber resuelto un problema que se ha presentado, para vergüenza propia y ajena, en otras ocasiones, y del que ya habían sido notificados. Y como Cuchi Elías no tiene pelos en la lengua, ha explicado el porqué de la queja pública: para que por fin se atiendan esa «y otras necesidades imprescindibles para el buen desenvolvimiento y efectivo desarrollo de la Cinemateca Dominicana».

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