Guardianes de la verdad Opinión
Claudia Rita Abreu

Claudia Rita Abreu

Creado:

Actualizado:

Recientemente fue premiado el filósofo surcoreano-alemán Byung-Chul Han en los Premios Princesa de Asturias, cuyo discurso se hizo viral diciendo que: a pesar de creernos en libertad, realmente vivimos bajo un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. Aunque no vivimos en una sociedad disciplinaria a base de órdenes y mandatos, estamos en una sociedad de rendimiento que supuestamente es libre.

Parte de su libro “La Sociedad del Cansancio”, un ensayo en el cual el propio autor dice que amonesta a la sociedad y agita su conciencia para que despierte. Han argumenta que hemos transitado desde una «sociedad disciplinaria” caracterizada por el «deber» (como la describió Michel Foucault) hacia una «sociedad del rendimiento” caracterizada por el «poder hacer» o “puedo». El poder ya no es represivo, sino seductor y positivo. Nos explotamos a nosotros mismos voluntariamente, creyendo que somos libres. El sujeto característico es la «persona del rendimiento».

La profundidad de este ensayo es bastante reveladora y quizás una respuesta a varios temas, que desde mi óptica son inexplicables, sobre el comportamiento de la sociedad en la que vivimos. Explica desde el exceso en una sociedad que se ahoga en positividad, saturada de estímulos, opciones, información y la imperativa constante de «ser positivos», «felices» y «exitosos». Para Han, esta sobreabundancia es, paradójicamente, más agotadora que la antigua represión.

¡Cuánto placer me causa esta reflexión! No lo puedo negar, porque al igual que Mafalda, ando pidiendo a gritos bajarme del hemisferio, ante un mundo que no comprendo.

Lea más: La red y el silencio

En esta sociedad del rendimiento, se observa también la auto-explotación. Es decir, ya no somos explotados por un amo o un jefe externo; ahora somos nuestros propios explotadores. Nos obligamos a ser más productivos, a optimizar nuestro tiempo, nuestro cuerpo y nuestra vida. El lema ya no es «debo» sino «puedo», y esta auto-imposición es mucho más eficiente y totalizante porque viene de dentro. Nos convertimos en «emprendedores de nosotros mismos», así como los mensajes reiterativos de coaching y de bienestar que vemos en las redes sociales.

He observado que en los últimos años parece una normalidad vivir en “alta”, es decir, en un constante estado de felicidad y excitación. Incluso, he observado lo mucho que le afecta esto tanto a la vida cotidiana, como a las y los actores políticos que se autoimponen una serie de actividades proselitistas que no existían antes y que en el fondo todos/as sabemos que no sirven ni eficientizan las políticas ni demandas sociales, pero son, a mi parecer, el reflejo de lo que también plantea Han.

Por ejemplo, antes la sociedad disciplinaria llegaba al cansancio negativo, que es el agotamiento que paraliza, que deja inmóvil. Sin embargo, hoy día es más común el cansancio positivo o cansancio solitario, el cual se refiere al agotamiento hiperactivo del rendimiento. No nos paraliza, sino que nos mantiene en un estado de agitación constante, de «no poder parar». Es un cansancio que no permite la contemplación ni el reposo. Esto puede ser la raíz también de que otros pensadores insisten en la importancia de aprender a vivir el presente.

Del mismo modo, esta sociedad del rendimiento aumenta patologías o enfermedades que surgen del exceso de opciones, presión por rendir y de la imposibilidad de “desconectar” como la depresión, Burnout (Síndrome de Desgaste Profesional), TDAH. La depresión, para Han, es el agotamiento del «yo capaz» que ya no puede con la demanda de rendimiento.

«La sociedad del cansancio» es una lúcida y crítica descripción de por qué, en un mundo que aparentemente nos da más libertad que nunca, nos sentimos tan exhaustos, ansiosos y vacíos. La respuesta de Han es que hemos internalizado nuestra propia prisión.

En países como el nuestro, que cuenta con ciertos accesos y lujos de países desarrollados, pero que al mismo tiempo sobrelleva grandes deudas sociales relacionadas a la seguridad, el transporte, la electricidad, la salud, la seguridad social, entre otros, creo que el efecto de la tesis de Han sobre la sociedad del rendimiento también se observa en la poca capacidad que tenemos de contemplar nuestra realidad desde una óptica más sensata y de estar a la altura de los problemas que enfrentamos como país.

Hemos caído rendidos y vivimos de cuatro años en cuatro años. No hay tiempo para entender que la vida democrática es un baile entre el cumplimiento y las exigencias, entre el poder del Estado y el poder del sentir ciudadano. Hemos permitido que la política sea un ejercicio incomprensible, donde se exigen propuestas a las y los políticos, pero casi nadie las cuestiona o las analiza para discutir si son realizables o si están dentro de las competencias del cargo al que aspiran.

Estamos ante una sociedad completamente emocional, rendida y cansada, creyendo que tiene libertad porque podemos expresarnos abiertamente. Sin embargo, ¿quién escucha?

Hablar de la salud mental se nos está convirtiendo en un cliché, mientras normalizamos las excesivas autoexigencias, muchas de ellas esnobistas y banales, sin importar el grado de ansiedad que nos causen, mientras somos incapaces de construir un ideario de país que nos permita transitar hacia un destino medianamente organizado.

Nos hemos rendido con las mentiras, la ineficiencia y la corrupción.

Sobre el autor
Claudia Rita Abreu

Claudia Rita Abreu

tracking