Guardianes de la verdad Opinión

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El ingeniero Rafael Armando (Fellito) Corominas Pepín, por sus estudios sobre estructuras levantadas por el hombre y su resistencia a los fenómenos de la naturaleza, siempre decía que en nuestro país hay una frecuencia de 50 años para que ocurra un terremoto importante.

Le preocupaba la respuesta ante una catástrofe. Ya le había tocado, como secretario de Obras Públicas, afrontar la gran emergencia: los destrozos del ciclón David y la tormenta Federico, el daño a la infraestructura de puentes, carreteras, caminos.

El último gran terremoto que produjo un ras de mar fue el del 4 de agosto de 1946. En aquella ocasión un sunami sepultó e hizo desaparecer dos comunidades cercanas a Nagua: los poblados de Matanzas y Matancitas. Décadas después quedaban algunos vestigios de los dos poblados, cercanos a la carretera hacia Samaná.

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Fellito Corominas contribuyó a formar la Sociedad Dominicana de Sismología (Sodosísmica), organización que supongo sigue el estudio de los movimientos telúricos.

Mi amigo, el ingeniero Rafael Osiris de León, es un activo activista de la divulgación científica relacionada con ese tema y conexos.

Recuerdo a Fellito y su preocupación por las estructuras multipisos, los estudios de suelos, la historia de las corrientes de agua de los ríos, sus cauces y las corrientes que se forman superficialmente cuando llueve mucho.

Recuerdo los estudios del ingeniero Juan Ulises García Bonnelly, quien conocía y seguía la historia de los ríos, su caudal, el ancho de su cauce en tiempos del estiaje y en tiempos de muchas lluvias. Año tras año, don Juan Ulises tenía y seguía esas mediciones.

El descuido y la complicidad de las autoridades ha permitido que se construyan calles y carreteras sin el peralte adecuado y con los canales laterales eficientes, que permitan la disposición de las aguas sin que se posen y minen la calidad de la estructura, por eso vemos calles y avenidas que a la primera llovizna se inundan con el consiguiente problema para automovilistas y para el mantenimiento de la obra.

Puede que haya ocurrido, pero no recuerdo que un contratista haya sido sometido a la justicia por construir una calle, una avenida, con un desagüe inadecuado.

Aquí, si damos una mirada circular, serena y profunda, seria y decidida, descubriremos que todo está por hacer, faltan hospitales, faltan locales escolares, no hay mantenimiento adecuado, efectivo y a tiempo para las calles y carreteras, los métodos de producción del campo están atrasados con relación a las técnicas actuales, que se presta más dinero para bancas de lotería que para fomento a la agropecuaria y que la mesa de los hoteles de turismo se monta con comestibles importados. Así no es.

Sobre el autor
Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

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