Salud
Retos sanitarios para 2026

Retrato
Es tradición iniciar el calendario anual fijándonos metas, y el campo de la salud no es ajeno a esta costumbre. Son muchos los retos y grandes las incertidumbres que nos presenta el año 2026.
Para la población adulta, tanto masculina como femenina, tenemos serios enemigos a los que enfrentarnos. Por razones de espacio, nos vemos obligados a reducir —de manera algo arbitraria— la complejidad de las causas que con mayor frecuencia amenazan con mermar la cantidad y la calidad de vida de nuestro conglomerado criollo.
Para quienes nos dedicamos a registrar y analizar las alteraciones orgánicas iniciales, intermedias y terminales involucradas en la cadena de eventos que conducen a la muerte de una persona, resulta de gran importancia conocer los factores que generan o contribuyen a las defunciones.
El sobrepeso corporal y, muy en especial, la obesidad abdominal, junto con la diabetes mellitus y la hipertensión arterial, representan una tríada que, cuando se presenta en un individuo, tiende a afectar su salud de modo cualitativo y cuantitativo. ¿Qué estamos haciendo en términos de políticas públicas para modificar estos condicionantes sociales? Si se ha implementado algo, entonces debemos revisar lo realizado, porque las estadísticas nos muestran cifras elevadas de fallecimientos asociados a eventos cardíacos, cerebrovasculares y renales.
Sabemos que la obesidad guarda una relación directa con el sedentarismo y la alta ingesta calórica. La carga de azúcares y harinas en la dieta del dominicano favorece la aparición temprana de la diabetes tipo 2. El alto contenido de sal en los alimentos facilita la aparición prematura de la hipertensión, la cual también se ve reforzada por el estrés cotidiano. Las grasas animales contribuyen a la formación de placas de ateroma en las paredes arteriales, un elemento clave en el desarrollo de trombosis y oclusiones graves en órganos vitales como el corazón y el cerebro. La mayoría de las muertes súbitas en adultos se deben a una obstrucción brusca en el lugar donde subyace un depósito ateromatoso.
La clave para mantener cuerpo y mente saludables reside en crear hábitos que integren a la familia, la comunidad, la escuela y el Estado en acciones que promuevan el bienestar físico, emocional y social, en un ambiente ecológicamente equilibrado para una convivencia sostenible. El consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas reduce la esperanza de vida de quienes las usan.
Las autoridades de salud tienen sobre sus hombros la enorme responsabilidad de elaborar e implementar políticas públicas que logren mantener a la mayor parte de la población sana y apta para llevar a cabo las labores productivas del país. Contribuir a reducir los factores que generan los males que restan calidad de vida a las personas adultas criollas es una tarea gubernamental básica e impostergable.
Los programas de atención primaria en salud deben salir del cajón de la planificación para materializarse en el seno de la comunidad.
Promover y prevenir, para no tener que paliar o intentar curar, debe ser una de las metas fundamentales de nuestras autoridades.
Las muertes prematuras y las complicaciones de la arteriosclerosis, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus pueden reducirse mediante una alianza sólida entre la población y el Ministerio de Salud.
Hagamos esa promesa de colaboración para el 2026.