Guardianes de la verdad Opinión
Guido Gómez Mazara

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Cuando las acusaciones made in USA organizan procesos acusatorios, el impacto en la jurisdicción local tiende a extrañarse por la categoría social de los imputados. Dosis de clase que se disuelve porque el índice acusador extranjero recae en personajes inimaginables, libres de los prejuicios que usualmente inculpan al marginal y excluido, siempre deseoso de una oportunidad de movilidad financiera para dar el gran salto.

Ya antes, la carga de acumulación oprobiosa de las cadenas, la música estridente y las adquisiciones inmobiliarias, fuente de sospechas. El modelo se sofisticó de tal manera que tocó fortunas validadas por años de esfuerzo, dándole la cancha a la presunción de legitimidad, en capacidad de construir complicidades en el variopinto de ámbitos empresariales y políticos.

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Destrezas y talentos en los rieles de la ilegalidad, distorsionaron franjas del aparato productivo, y de inmediato, la nación del gran consumo hizo de una actividad altamente productiva, con impacto en el PIB y la generación de empleos, su perfecto vehículo de satisfacción para el mercado fuera de las fronteras nacionales.

Confiados en sus conexiones locales, aderezadas de contribución financiera a causas partidarias, confiaron su suerte y no entendieron la selectividad sorpresiva de los que se irritan frente a conductas indecentes en capacidad de apostar a la protección política.

La verdadera tragedia reside en la cobertura que los protege, porque ante la mirada ingenua del desconocedor del mundillo infame, pasan con categoría de no sospechosos. De tradición empresarial, con ancestros de respetabilidad cívica, con meteórica velocidad utilizan la sombrilla de histórica validación en circuitos socialmente exquisitos para darle un barniz de correcta apariencia al desacato narcótico. Por eso, cuenta con el aplauso social y un indiscutido asiento en la estructura accionaria de un equipo del deporte rey, sin ningún tipo de objeción. ¡Qué dichoso!

Apelando al recuerdo, el famoso detenido de origen sureño y ejercitante de una sanción en régimen carcelario estadounidense señalaba el modus operandi y/o alianza criminal entre uno de abajo y el otro de arriba. Y colorín colorado. Una vez la sanción establecida al oriundo de Elías Piña, siguió la fiesta decidida a continuar depositando, vía el régimen de zonas francas, la basura de color blanco y fuente de acumulación vertiginosa. En el futuro inmediato llegarán las condenas, acuerdos y acusaciones, potencialmente aptas para desenmascarar fortunas y, de paso, generar sospechas alrededor de un renglón de la economía que impacta en un 3.1% del PIB y genera 195,000 empleos directos.

¡Caramba, no aprenden! Y la lección debe ser interesante para el resto que, con tal de recibir recursos, no se detiene en certificar la fuente. Y pensar que, en tiempos del descrédito inmerecido y campañitas aviesas, se tornaron en jueces descalificadores de los que nunca han estado cerca de esas actividades non santas. ¡Oh, el tiempo y sus lecciones divinas!

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Guido Gómez Mazara

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