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Tantas quejas

Me siento abrumada de escuchar tantas quejas. Es una patología generalizada. Para muchos dominicanos nada sirve: no sirve el Gobierno, no sirven los políticos, no sirve la gente; y lo expresan de diversas maneras.

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Me siento abrumada de escuchar tantas quejas. Es una patología generalizada. Para muchos dominicanos nada sirve: no sirve el Gobierno, no sirven los políticos, no sirve la gente; y lo expresan de diversas maneras.

Lo peor: las quejas formuladas a partir del juicio negativo de los demás exonera al quejoso de responsabilidad. Los demás son el problema.

Es una actitud egoísta y acomodaticia: si nada ni nadie sirve, la queja domina y las soluciones se esfuman.

Las redes sociales magnifican el problema. Lo que antes era expresado en el espacio privado, ahora se hace público en un mensaje o un vídeo, y es reproducido por quienes se adhieren a ese pensar: culpar a los demás.

Mientras más brutal y siniestra es la queja, más reproducciones y aprobaciones recibe.

Las quejas son edulcorantes patológicos: elevan el yo a expensas del hundimiento de los demás.

Aceptar las quejas es más fácil que refutarlas (el quejoso espera solidaridad en la amargura o en la furia). Refutar implica articular un argumento contrario, presentarlo y defenderlo, y ser aguafiestas cuando se espera un coro.

El acto catártico de quejarse busca aprobación y lo recibe con facilidad.

Nos arropa entonces la negatividad. Juzgamos con pesimismo lo que nos rodea y a quienes nos rodean, y el sentimiento negativo se torna obligatorio sin darnos cuentas.

Si usted no me cree, observe las interacciones en su próxima actividad social. Escuche atento cómo se expresan los demás, de qué hablan y qué hace usted.

No eximo a los políticos de sus culpas, pero escuchar la gente hablar de ellos da grima.

Tal vez aquí se aplica la expresión: “los pueblos tienen los gobiernos que merecen”. Si la gente es inexorablemente quejosa, hay que ser sinvergüenza y cínico para ser político.

La queja no es sinónimo de criticidad, es una expresión emotiva de malestar. La criticidad es un ejercicio racional de análisis, que implica la búsqueda de solución a los problemas. La queja culpa a los otros y exculpa al quejoso.

El malestar humano tiene múltiples causas. Lo que se expresa actualmente son quejas que, en parte, derivan de problemas sociales, y en parte de frustraciones personales que deberían quedarse en el plano privado, no colectivizarse.

Quejarse se ha vuelto una forma dominante de comunicación social, un modo de vida.

En cualquier actividad social el tema central gira en torno a las quejas: el tránsito, la corrupción, etc. Son todos problemas reales, pero llevados al nivel de la simple queja quedan irresueltos en el lamento.

El problema lo causan otros es el modus operandi del quejoso, sin reflexionar que todos, en mayor o menor medida, somos parte del problema, o por lo menos, somos necesarios para encontrar las soluciones.

La polarización actual y la propagación del odio hacia los demás se fundamentan en la construcción de quejas constantes, que eventualmente se canalizan con la necesidad de eliminar al otro, supuesto responsable de los males.

Para mejorar nuestro espíritu y nuestra sociedad, deberíamos ser más hacendosos y menos quejosos, más responsables y comprometidos.

Adelante, hay mucho por hacer en positivo.

Sobre el autor
Rosario Espinal

Rosario Espinal