Santo Domingo 0ºC / 0ºC
Guardianes de la verdad Opinión

Dictador

Trujillo, el general y el español

Este militar alcanzó el rango de general y muchas de sus sinuosas actuaciones, especialmente en la región este, son recordadas por los dominicanos.

Rafael Leonidas Trujillo

Rafael Leonidas Trujillo

Creado:

Actualizado:

El dictador Rafael L. Trujillo era un trabajador incansable, constante y sistemático. En las horas que parecían de descanso, estaba dedicado a alguna forma de trabajo o a determinadas actividades relacionadas con sus responsabilidades de gobernante y de caudillo político. Cuando aparentemente se retiraba al descanso en La Casa de Caoba, de San Cristóbal, aparte de inspeccionar a pie, a caballo o en automóvil, las extensas dependencias de su hacienda Fundación, se dedicaba a estudiar y analizar la correspondencia y a despachar sin interrupciones los asuntos de Estado que le enviaban.

Había motociclistas que tenían la específica misión de llevarle desde Palacio, de las Fuerzas Armadas y de la Secretaría de Interior y Policía los informes de todas las actividades del país que religiosamente rendían los gobernadores provinciales, los presidentes de las juntas del Partido Dominicano y los comandantes regionales de la Policía, Ejército y Marina de Guerra. En esta tarea tuvo participación destacada el entonces cabo Simón Tadeo Guerrero, perteneciente a la unidad de Policía de carreteras. Este militar alcanzó el rango de general y muchas de sus sinuosas actuaciones, especialmente en la región este, son recordadas por los dominicanos.

Sentado en una cómoda mecedora, con bata o pijama y topando un gorro de lana en la cabeza, Trujillo leía cuidadosamente, uno por uno, todos los informes recibidos, haciendo anotaciones al margen o en una libreta de notas. En las cartas o comunicaciones oficiales ponía, en un lado de las mismas, sus disposiciones al respecto o el destino al que las remitía con sus disposiciones

En la madrugada, desde las cuatro de la mañana, recibía el primer ejemplar de cada periódico que se editaba en la capital y los leía cuidadosamente, marcando con un lápiz rojo lo que le pudiera interesar o le llamaba la atención, para investigar después de qué se trataba. A esa misma hora comenzaban a llegar allí también, los mensajeros con las “novedades” como se denominaban esas primeras informaciones matutinas.

Don Raúl Barrientos, que por varios años administró la hacienda Fundación relató que una mañana de un día determinado Trujillo llamó a la finca a un funcionario que lo encontró en su mecedora con el periódico en la mano y en los anuncios clasificados tenía marcado en rojo una oferta de venta de su casa, por un español que la vendía muy barata, porque se regresaba a su país. El Jefe impartió las siguientes instrucciones al funcionario: “Quiero que vayas a averiguar que ocurre con este español que esta vendiendo su casa a un precio que me parece muy barato, por el lugar donde se encuentra situada. Ve, averigua y dime lo que ocurre, porque algo le pasa”.

El funcionario, cuyo nombre no fue revelado, fue a donde el español como un interesado en adquirir la casa y sin revelar quien era ni la razón por la cual estaba allí. Después de inspeccionar el inmueble en todas sus dependencias le dijo: “Su casa está en muy buenas condiciones. Me sorprende que usted la venda en ese pecio tan bajito”. Le preguntó: “¿Le ocurre algo?” Y el español contestó:

“Mire, señor… la verdad que sí. Yo vine a este país hace más de 20 años y no me ha ido mal. He vivido bastante bien y he reunido algún dinero. Me casé y formé una familia y mi hija mayor tiene 16 años y es una verdadera belleza. últimamente un general, de los grandes, ha comenzado a rondar y a molestar a mi hija y no es verdad que yo he criado y educado a mi hija para que sea amante de uno de esos generalotes. Yo me voy con mi familia para España y por eso estoy liquidando lo mas rápidamente lo que tengo a fin de evitar ese problema”. –“Pues espéreme un rato, que yo vuelvo”, le dijo el funcionario, y acto seguido fue a donde Trujillo y le refirió lo que el español le había dicho, incluyendo el nombre del general

El generalísimo llamó al general y le dio una fuerte reprimenda en presencia del funcionario, a quien el alto militar incriminado miraba rojo y trémulo de rabia, como tratando de determinar si era él quien le había contado la situación a Trujillo, mientras él se hacia el disimulado, puesto el hombre (el gendarme) era extremadamente peligroso. El Jefe terminó el caso diciéndole al general: “Que sea la última vez que yo oiga hablar de este asunto o que me digan que usted siguiera ha pasado por donde está esa niña, porque si me entero que usted siquiera le ha mirado, lo voy a degradar y a enviarlo a la frontera. Retírese”. El general se retiró rechinando los dientes, y Trujillo dijo al funcionario:

“Vaya ahora mismo a donde ese español y dígale que yo le ofrezco todas las garantías para que permanezca tranquilo en la República. Que si ese o algún otro de los militares molesta su hija, que me lo haga saber, que yo lo sancionaré. Y tenga esos cinco mil pesos. Lléveselos a mi nombre”.

Sobre el autor
Chichi De Jesus Reyes

Chichi De Jesus Reyes

tracking