Oportuno

La Conferencia del Episcopado Dominicano, oportuna como siempre, ha emitido esta vez un mensaje cuya meta es lograr que el Gobierno reflexione y actúe para corregir el rumbo tortuoso que ha tomado el país.

Su llamado a sustituir actuales funcionarios por nuevos con capacidad para diseñar respuestas efectivas a los problemas nacionales se produce en momentos en que se acumulan yerros y traspies en la conducción económica del Estado y en el manejo de las dificultades que llevaron a la ruina a varios bancos locales.

Y más que oportuno es el planteamiento del Episcopado en el sentido de que el Gobierno revise su política fiscal para que deje de penalizar a los que más pagan y se esfuerce por hacer que todos paguen lo que están obligados a pagar. Los obispos hablan de esto precisamente cuando está por producirse una reforma fiscal que no parece fruto del consenso entre el Gobierno y los sectores productivos del país.

IOnsiste también en la necesidad de un aumento general der salarios que compense la pérdida de poder adquisitivo de la familia, lo que implica deterioro de la calidad de vida.

Plantea, también con gran acierto, el carácter económico adquirido por una crisis energética que está fundamentada en la falta de recursos para comprar combustibles y mantener en operación las plantas del sistema. En este contexto, el Episcopado entiende que el Gobierno está en el deber de adoptar decisiones efectivas, no como las que ha aplicado y cuyo fracaso se evidencia hoy en apagones.

La amplia visión del Episcopado sobre los problemas nacionales le hace ponerle atención a la necesidad de lograr el renacer de la confianza para que se haga posible la repatriación de aquellos capitales que fueron canjeados en dólares y que están depositados en bancos del exterior.

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Los obispos también le ponen atención al aspecto político de la crisis que afecta al país. En ese sentido, dejan a la conciencia del Presidente Hipólito Mejía la creencia de algunas personas, de que su renuncia a la repostulación “favorecería altamente la paz social, la confianza y la gobernabilidad”. En honor a la verdad, esta es una percepción que abunda en amplios sectores del país, antireeleccionistas por haber sufrido en carne propia el continuismo en el poder, ejercido en épocas anteriores.

En el aspecto político de la crisis del país el Episcopado incluye los amagos de división en dos de los grandes partidos que sustentan la democracia del país.

Y no soslayan en su mensaje la necesidad de castigar la corrupción, adecentar la administración pública y no permitir que nadie saquee los bienes públicos, pues no basta con atajar la dilapidación y dispersión de la disponibilidad económica del Estado.

En resumidas cuentas, la Conferencia del Episcopado Dominicano ha vuelto a poner el peso de su autoridad moral y la influencia de su ejercicio pastoral al servicio de los intereses del país, de la manera que sabe hacerlo.

El llamado de los obispos no puede ser más oportuno, pues el mismo trata de sobreponerse a la tozudez quienes, desde el Gobierno, pretenden hacer creer que las cosas andan bien y que la crisis, en gran medida, tiene mucho alharaca política, mientras destinan a proselitismo reeleccionisma el tiempo y los recursos públicos que deben emplear en producir soluciones.

Tal como están las cosas en estos tiempos, y entrar en detalles sería llover sobre mojado, el mensaje de los obispos viene a resultar como agua para el sediento.