Oposición asalta Congreso, exige elecciones en Georgia

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TBILISI (ANSA). Militantes opositores liderados por varios legisladores irrumpieron ayer en el Parlamento de Georgia, en un intento de derrocamiento del presidente Eduard Shevardnadze, quien intenta proclamar el estado de emergencia, aseguró que no renunciará y amenazó con militarizar el país.

Ante el caos generado por la situación, Rusia envió a Tbilisi al canciller Igor Ivanov para intentar mediar en la crisis, ya que el Kremlin teme una nueva guerra civil en esta ex república soviética gobernada desde 1992 por Shevardnadze.

“Esto es un intento de golpe de Estado, por lo que declaro el estado de emergencia”, dijo el presidente georgiano en cadena nacional, pero esa condición especial debe ser aprobada por el Parlamento, que hoy quedó sumergido en el caos.

Militantes de la oposición irrumpieron en el edificio del Parlamento, reunido por primera vez desde las elecciones legislativas del 2 de noviembre, cuando varios sectores denunciaron fraude a favor del gobierno.

El presidente estaba abriendo la sesión cuando los manifestantes, liderados por el dirigente opositor Mijail Saakashvili y la titular saliente del Parlamento, Nino Burdzhanadze, ingresaron al recinto con banderas reclamando su dimisión.

Mientras algunos manifestantes se acercaban al púlpito, el presidente Shevardnadze fue alejado del lugar por sus guardaespaldas, que intercambiaron algunos golpes con diputados opositores y militantes.

Dos agentes resultaron heridos gravemente mientras el presidente se tuvo que retirar en un automóvil. Fuera del Parlamento lo esperaban unos 5.000 simpatizantes. Ante ellos, gritó: “No me iré, dejaré mi función sólo por la vía constitucional”.

Shevardnadze ordenó a los ministerios de Interior y de Defensa el “reestablecimiento del orden” y, más tarde, dijo que si el Parlamento no aprueba el estado de emergencia en 48 horas, ordenará a las fuerzas armadas tomar control de las “estructuras vitales” del país.

La diputada saliente Burdzhnadze, por su parte, declaró que asumió la presidencia del país hasta que la situación se aclare. Pero luego Saakashvili bajó la apuesta de la oposición y dijo que aceptará la permanencia del presidente en su cargo hasta que se realicen elecciones anticipadas. “No aceptaremos nada menos que eso”, subrayó.

Saakashvili es un radical nacionalista que en ambientes políticos de Moscú es señalado como pro estadounidense porque está dispuesto a aceptar la instalación de bases militares norteamericanas en Georgia, algo que Shevardnadze se negó sistemáticamente a realizar.

El jefe del Estado está acusado de fraude en las elecciones del 2 de noviembre y a la vez la oposición le exige el cumplimiento de las promesas hechas hace 11 años: los conflictos internos están irresueltos y la crisis económica, la pobreza y la corrupción siguen siendo una constante.

Ante la gravedad de la crisis, la ONU y el gobierno de Estados Unidos coincidieron hoy en pedir que se evite la violencia y que haya diálogo para una solución negociada.

Shevardnadze, último canciller de la Unión Soviética, formó parte de la perestroika de Mijail Gorbachov y luego estuvo al lado del presidente ruso Boris Yeltsin, tras lo cual retornó a la política de su república una vez declarada la independencia de Moscú.

Rusia, que posee tropas de interposición en la región separatista de Abjazia, dijo que “no interferirá e los asuntos de Tbilisi”.

Sin embargo, el presidente Vladimir Putin ordenó al canciller Ivanov viajar para que actúe como mediador.

“El presidente Putin sigue en tiempo real la crisis”, dijo el portavoz del Kremlin, Alexei Gromov. El envío de Ivanov a Tbilisi fue consultado con líderes de otras repúblicas ex soviéticas, sobre todo con el presidente de Ucrania, Leonid Kuchma.

Ivanov fue jefe del gabinete de la cancillería soviética cuando el ministro de Exteriores era el actual presidente georgiano.