Oposiciones a la Reforma

Más que estar el país colocado en una encrucijada sobre apoyar o no una reforma constitucional que, por todo lo visto y vibrantes objeciones, se caracterizaría por unilateral y riesgosa a la institucionalidad democrática, lo que prima en este medio es la preocupación de que el cambio sobrevenga como resultado de influencias y uso de recursos de abundancia oficial movidos por un fin único de conservar posiciones en el poder empleando medios capaces de doblegar cuestionablemente las disidencias. Se teme, con sobrados motivos históricos, que por su continua vigencia de corto plazo, la Ley de leyes y soporte jurídico de la República siga expuesta a alteraciones generadas por episodios de extensión de mandatos en desmedro de la constitucionalidad que por definición del Derecho supone a gobernantes y gobernados comprometidos a garantizar su trascendencia con el paso del tiempo.

Se vaticina que arremeter ahora a la Constitución tras corto tiempo de haber hecho lo mismo con igual propósito de prolongar el control sobre la cosa pública, ponga en dudas después la legitimidad de resultados electorales y propicie una reducción de confianza en el país como usuario de créditos y destino de inversiones. La oposición a la reforma, que no acaba de sacar la cabeza plenamente, debe respetarse como expresión de vacío del consenso que debería preceder a cada modificación.

En conflicto por los apagones

La paz en la relación entre proveedores y consumidores de electricidad está alterada con inusual intensidad. Nada como ellos (los apagones) como chispa para el estallido de protestas. Doce horas continuas sin energía y en días sucesivos para todo uso como ocurre, no puede ser otra cosa que un fracaso que mueva a rebeldías, deplorables a veces como es la destrucción de medidores a nivel popular.

Existe un retroceso energético de alto costo para miles de usuarios por todo el país. Las fallas por chichiguas enredadas en tendidos que tiempo atrás sumían en oscuridad y parálisis parte del territorio nacional, parecerían un juego de niños comparadas con la crisis actual. Y como siempre, los que mandan tienen un lenitivo a futuro para el sufrimiento colectivo. Antes: esperen pronta solución… y ahora Catalina.