Ostentación Insultante

Los enormes gastos visibles de campaña de los partidos políticos son una muestra de ostentación que, bajo complicidad con el propio Estado, insulta los principios y fundamentos de la propia democracia.

El hecho de que tres partidos puedan gastarse cientos de millones de pesos en precampañas que deberán desembocar en sus respectivas convenciones para escoger sus candidatos a la Presidencia, entra en conflicto con principios éticos que tienen como parámetro principal la equidad.

Lo primero que se desprende de la cuantía de estos gastos es que la conquista de los votos internos en cada partido no está fundamentada en la capacidad de cada precandidato para conquistar el favor de sus conmilitones en base a la contundencia y solidez de sus argumentos y planteamientos, sino a partir de una capacidad económica que indiscutiblemente tiende a la compra de conciencias.

– II –

En un partido equis, aferrado a estatutos y principios que rigen igual para todos sus miembros, parecería inocultable que el gasto enorme de dinero solo tendría justificación si se pretendiera comprar aquellas convicciones que no se logra conquistar por medio del atractivo argumental o programático.

Hay una tremenda contradicción entre esta ostentación de unos políticos contra sus compañeros de partido y los principios de equidad y de igualdad de oportunidades que postula la democracia representativa.

En un país como el nuestro, con índices de pobreza bastante altos, no queda bien que quienes postulan y apuestan por luchar contra la pobreza hagan un ejercicio de ostentación tan grosero.

Y mucho menos se justifica que el Estado tenga que distraer de sus recursos nada menos que para financiar parte de estas campañas de los partidos, cuyo contenido deja bastante que desear.

– III –

Es evidente que hay que redefinir el estilo de hacer política en nuestro país.

Se requiere que haya regulaciones puntuales sobre los costos de las campañas y la manera en que las mismas tienden a fomentar la inequidad dentro de la propia democracia.

Es cierto que los partidos se han resistido siempre a someterse a reglas de juego, normas de transparencia para fomentar la equidad a lo interno de las propias organizaciones y fiscalización del origen y destino de las finanzas con las cuales se sustentan.

No puede ser que la democracia como tal tenga reglas muy estrictas y que en cambio carezcan de las mismas las organizaciones que sustentan este régimen político.

El costo de las campañas de los partidos es una ostentación insultante y una negación de los principios de equidad que predica la democracia.