Otra clase de infiltración del narco

A raíz del espectacular asesinato de un ex coronel de la Policía alegadamente involucrado en el sórdido caso del narcotraficante prófugo José Figueroa Agosto, he visto señales ominosas de cómo la infiltración de los traficantes traspasa las áreas de la autoridad para afectar a la propia prensa.

El más notorio ejemplo lo reflejan las inconsistencias en cuanto a qué clase de armas fueron utilizadas en el atentado que costó la vida al ex oficial y dejó gravemente herida a su esposa, durante la emboscada a la entrada de su edificio de apartamentos en la avenida Anacaona al caer la tarde del 24 de diciembre.

Los primeros reportes indicaban que fue utilizada al menos una ametralladora P90, un arma de fabricación belga entre cuyas características principales es que sus municiones están diseñadas para penetrar los chalecos anti-balas. En el país, sólo usan esa arma un cuerpo muy especializado y una unidad anti-terrorista. No hay antecedentes de su empleo por sicarios, aunque en una caja fuerte incautada a Figueroa Agosto se encontró una pistola y balas del calibre de la P90, de 5.7 milímetros. Con recuperar un proyectil o casquillo puede claramente establecerse si se usó o no una P90 u otra arma calibre 5.7 milímetros.

Pero resulta que tras esa publicación inicial, otras supuestas fuentes han aclarado o enredado el asunto “revelando” que fueron usados un fusil AK-47 (calibre 7.62 milímetros), arma preferida del narco colombiano; una Uzi calibre 9 milímetros; un M-16 calibre 5.56 milímetros. De estas tres armas, la Uzi viene en varios calibres pero en el país el más común es el 9 milímetros.  

Lo más curioso es que todas las versiones acerca de cuál o cuáles armas emplearon los tiradores, al parecer expertos pues usaron un patrón de fuego cruzado según la misma prensa, provienen de fuentes anónimas dizque oficiales.

Enredar la cabuya y poner a los investigadores a dudar de sí mismos entre ellos, al tiempo que se les desacredita ante la opinión pública, es un inteligente recurso de las mafias como la responsable de este crimen.

Esas dudas sólo se disipan con una investigación bien hecha y sustentada que soporte el proceso judicial. Quiera Dios, en bien de toda la sociedad, que este sea el caso.

Mientras tanto, ¡que andemos los periodistas bien espantados para no ser tontos útiles!