Otra faceta del desafío petrolero

A muchos les pareció exagerada la advertencia del líder cubano Fidel Castro, en el sentido de que la producción de biocombustibles provocaría escasez y alzas en los alimentos. Sin embargo, un informe de la FAO ha venido a corroborar esa reflexión. Muchos insumos para producción de biodiesel y etanol  son los mismos que se emplean en la producción de aceites, grasas comestibles y productos afines,  pero la demanda de la pujante industria de biocombustibles  ha ido en crecimiento y presiona severamente el mercado de granos y cereales, haciendo inevitables las alzas en los costos y precios finales de una gama de productos entre los cuales están  aceites y grasas comestibles.

 Se trata de una de las vertientes más delicadas del desafío planteado por las alzas constantes del petróleo, pues ha obligado a mirar hacia los alimentos y granos como alternativa para prescindir cada vez menos del crudo. La cruda realidad es que, así como los precios del petróleo obligan a encarecer los combustibles y los bienes y servicios, la escasez y alza de insumos está presionando los costos de  las industrias de grasas y aceites comestibles. Es una realidad con la que los Gobiernos de países como el nuestro tendrán que lidiar cada vez con mayor ahínco, por lo menos mientras se mantenga el boom de demanda de alimentos para producir combustibles alternativos.

 

La “línea” tácita para  la DPCA

A la Dirección Nacional de Persecución de la Corrupción Administrativa (DPCA) le han  “bajado” una “línea” específica, a pesar de que su director, el doctor Octavio Líster, insiste en negarlo. Esa “línea” existe y se manifiesta de manera contundente, aún a pesar de que esa Dirección aparenta ser un ascenso de lo que antes fue el Departamento de Prevención de la Corrupción (DEPRECO). No hace falta la orden verbal o escrita para que actúe de un modo o de otro si las actitudes y los hechos imponen una conducta a seguir.

La falta de personal,  presupuesto  suficiente y  equipos, entre otras cosas, implican un mandato tácito tan evidente y preciso que nadie puede perderlo de vista, a menos que prefiera interpretar las cosas aferrándose a la fantasía. Un organismo  dependiente y sin autonomía de ningún tipo, está sin duda sometido a la “línea” de no hacer nada de lo que su nombre indica, y no hace falta que alguien lo exprese de palabra o lo  escriba.