¡Otra plaga al acecho!

PEDRO GIL ITURBIDES
Tenemos que aprovechar la cuaresma para darnos golpes de pecho. Porque ahora, acechándonos, tenemos la fiebre amarilla. ¡Como si no hubiésemos tenido suficiente con el dengue primero, con Noel y Olga después, y con el virus aviar todavía sobre nuestras cabezas! Comencemos por buscar a un dominicano de vida pía, que hable con Dios. A Él hemos de explicarle que sacudidos por tormentas y gobiernos, estamos maltrechos. A duras penas sobreviviremos a nuevos padecimientos.

Lo más extraño es que los brotes de este mal aparezcan por estos días entre los paraguayos. La enfermedad es endémica de las Antillas, y fue encontrada por igual en tierras caribeñas de la parte norte central del continente. En la isla de Santo Domingo diezmó a principios del siglo XIX al ejército napoleónico. Los españoles que se acantonaron en la península de Samaná en los días de la anexión, a partir del 1861, murieron por decenas, contagiados por esta peste.

El país no está emocionalmente preparado para resistir la entrada de esta letal enfermedad. Buena parte de la población fue afectada el año pasado por fenómenos que nos obligan a preguntarnos qué pecado hemos cometido.

A lo largo de varios meses fue el dengue, que conturbó a muchas familias. Todavía no salíamos de este padecimiento, que en su modalidad hemorrágica puede ocasionar la muerte, cuando llegaron las dos tormentas. Lo grave, y triste de todo, fue que llegaron una tras la otra.

Y como secuela, como bautizo del año nuevo, una especie de moquillo en las granjas avícolas, que algunos han llamado gripe aviar. No han valido las declaraciones de zootecnistas, que han tratado de devolver la tranquilidad a la población. Mucha gente ha dejado de comer pollo, por temor a que la carne del ave degenere en inconvenientes de salud. Ni siquiera el hecho de que mantienen su salud quienes han ingerido al calumniado pollo de granja, re-estimula su consumo.

Y ahora, como asustante flagelo, se sabe que la fiebre amarilla ha provocado muertes entre los paraguayos. Los paraguayos están lejos de nosotros. Pero la Organización Mundial de la Salud, y su colateral, la Organización Panamericana de la Salud, desean que nos cuidemos. Y debemos hacerlo. Debemos exigir prueba de vacunación a viajeros que lleguen desde los lugares en que se ha detectado la enfermedad.

Debemos continuar nuestras campañas contra todos los mosquitos y focos de su reproducción. Y debemos vacunar a toda la población dominicana, potencialmente afectable por la fiebre amarilla.

Porque con esta otra plaga en los talones, hemos de recordar que ninguno de nosotros gana para sustos.