Otro adefesio

HOY cree, ciegamente, en la ley y el orden que establece la justicia en el estado de derecho.
Lo que nos asusta es que esa ley y ese orden se quieran imponer por la vía administrativa.
Nos aterra, pese al paso del tiempo, el solo hecho de recordar que la ley y el orden sirvieran de cierta base al fascismo, al nazismo y al estalinismo.

También es preocupante que se quiera hacer una especie de ley a la hora de disponer medidas de corte draconiano, de que se trata de proteger la moral y las buenas costumbres y ahora, en un malhadado Reglamento para regular los espectáculos públicos, la radio y la televisión, se habla de ajustar la publicidad “con los valores sociales de nuestra nación”.

Para proteger las “buenas costumbres” y la “moral” del pueblo alemán, los nazis incineraron cuanto libro era contrario a las ideas del autor del Mein Kampf. El resto es trágica historia.

-II-

Durante años, muchos años, estuvo “vigente” un Reglamento con el número 824, que “regulaba” el funcionamiento de los espectáculos públicos, la radio y la televisión dominicanas. Ese Reglamento constituyó una vergüenza para el ordenamiento jurídico de la nación.

Es posible que ese reglamento, por el llamado uso y costumbre cayera en desuso, aun cuando las administraciones reformistas y perredeístas, en casos “de emergencia” aplicaron abusivas disposiciones contenidas en el adefesio, especialmente a la hora de sancionar plantas radiales en casos de huelgas.

Ese reglamento acaba de ser sustituido por otro contenido en el decreto 301-05, del 7 de mayo último, que no ha sido publicado cuando menos en un diario de circulación nacional y se ignora si ya se editó la Gaceta Oficial que lo contiene para garantizar que ya está vigente.

Una simple lectura del nuevo reglamento muestra que la autoridad administrativa quiere conservar “poder” para “garantizar” la moral, las buenas costumbres y los valores sociales de la nación”.

No hay duda de que el Reglamento contiene disposiciones que establecen la censura previa y es por tanto, violatoria a la Constitución de la República.

Además, los “perfeccionistas” que prepararon el proyecto caen en algo ridículo cuando obligar a los artistas extranjeros a registrarse en la Comisión de Espectáculos Públicos y Radiofonía para poder actuar en el país. ¿Se imagina usted a un Plácido Domingo, señalado para actuar en horas de la noche en un espectáculo, arribando en horas de la tarde al país y corriendo para “inscribirse” en el organismo regulador dominicano?

-III-

El Reglamento, entre otras cosas, busca regular la publicidad, pero lo hace de una manera autoritaria, abusiva. Habla de la prohibición de lo que llama publicidad engañosa, pero se cuida mucho de referirse, en dicha publicidad, a la que hacen los aspirantes políticos cuando ofrecen el Paraíso en sus campañas electorales. Al parecer, hay que colegir que se trata, exclusivamente, de la publicidad comercial.

Lo de la censura previa establecida en el Reglamento es algo preocupante, y el propio jefe de la CNEPR cuando niega eso, lo confirma al referirse a lo que entiende que son estados de calamidad pública.

Nada de raro tiene que existan funcionarios, en todos los gobiernos, que busquen controlar, en una forma u otra, a los medios de comunicación.

Son esos los funcionarios que se niegan a aceptar la improcedencia de la censura previa, en vez de someter a la justicia, con todas las de la ley, a quienes la contravegan en forma pública, sin importar banderías, colores u otros factores.

El nuevo Reglamento es algo que no nos ayuda en lo más mínimo. Por el contrario, daña nuestro sistema democrático.

Lo que más lamentamos, sin embargo, es que ese Reglamento lleve la firma de un hombre como el presidente Leonel Fernández, un abogado experimentado y, sin duda alguna, un especialista en legislación de prensa, autor de tesis sobre libertad de expresión.