Otro aniversario

o1

De nuevo el aniversario. Desde ayer la evocación. Unos repetirán, otros pretenderán revelar, algunos continuarán con la inútil porfía que el documento desmiente. No luce el silencio, tampoco el avieso acomodo de los hechos. Cuando el protagonismo no esté, quedará la prueba, no el sentimiento. Cada 25 de septiembre ocurre el cotejo y se extiende. Es difícil innovar, basta el archivo, y para no olvidar la fecha, parafrasear.
El 27 de febrero de 1963 fue juramentado, como presidente de la República, un exiliado, que durante su destierro logró fama. Maestro del cuento, ensayista, político, cultor de la democracia. Cuando inició la campaña electoral, después de 24 años de ausencia, el vegano trascendente, hijo de emigrantes, era un desconocido para la mayoría de sus paisanos. Sin embargo, consiguió, gracias a un discurso novedoso, pedagógico, entrar en el alma nacional. Todavía el entusiasmo estaba regado por las calles, después de tres décadas de oprobio. Fue el estreno de palabras y actitudes. El candidato que logró el solio sin descartar canallas, cómplices de la tiranía, demostraba que sumar no significaba claudicar.
La derrota de la Unión Cívica Nacional –UCN-fue desconcertante para muchos. La bandera del antitrujillismo, puro y simple, doliente, no pudo izarse, empero, había esperanza, aunque también asombro. Un desprestigiado Consejo de Estado, con más errores que aciertos, con imputaciones que comprometían la idoneidad de sus miembros, organizó un certamen electoral con resultados irrebatibles. El Partido Revolucionario Dominicano-PRD- obtuvo 619,491 votos, la UCN 317,327, el Partido Revolucionario Social Cristiano –PRSC- con Alfonso Moreno y Josefina Padilla en la boleta, 54,638 sufragios. El triunfo arrollador de Juan Bosch Gaviño y González Tamayo, dejó turulatos a los propiciadores de una campaña de denuestos en contra del candidato a la presidencia. Los adversarios del PRD y de don Juan, estaban convencidos de la efectividad de sus monsergas mendaces. Cacareo injurioso que atribuía a Bosch y al partido, todas las tropelías imaginables. Apostaron a la ignorancia de una población que recién despertaba de una pesadilla.
Las urnas hablaron el 20 de diciembre de 1962. El 59% de 1,054, 944 de votos válidos benefició al injuriado. Los símbolos de la resistencia no consiguieron el favor popular. Misterios de nuestra historia. La realpolitik enfrentando ilusiones. Desde el primer día de gobierno las promesas de campaña comenzaron a convertirse en realidad. El pánico atenazaba minorías poderosas cuya única veta liberal fue cansarse de Trujillo. Pretendían un continuismo sin el tirano. Balaguer azuzó, seis días antes del golpe de Estado expresó: “El país ignora qué clase de gobierno tiene, si un gobierno izquierdista, cuya labor consiste en ablandar el ánimo público y preparar el terreno para el advenimiento de un sistema comunista o un gobierno dominado por la noble ambición de realizar una auténtica revolución social para que las masas se liberen de la injusticia, el privilegio y la iniquidad de la explotación.”
La voluntad popular poco importó. La proclamación de la Constitución del 1963, atizó el fuego. Bosch escribió: “En noviembre de 1962, los jefes militares querían seguridad y la podían obtener haciéndose pasar por defensores de la Constitución; en septiembre de 1963, querían ventajas que un Gobierno constitucional no podía darles, y en ese caso la Constitución era un estorbo… (Crisis de La Democracia de América en RD) La ojeriza unió adversarios. Empresarios, periodistas mercenarios, la jerarquía católica, el cuartel voraz, elites en disfrute de la heredad del jefe, antiguos compañeros de partido, diseñaron el plan. Con huelga, mítines de reafirmación cristiana, encono ideológico y el aval de EUA, sólo faltaba la redacción de la ignominiosa acta notarial. Después de aquella madrugada fue el desastre. Triunvirato, Manaclas, rebelión, guerra, intervención. Luego de la sangre, los acuerdos y el inicio de otro periodo tormentoso. 53 años después, el país es diferente. Quizás no el imaginado ni querido, pero a nadie se le ocurriría un desmán como el golpe de septiembre. Menos asumir sus consecuencias. Si sólo eso aprendió un sector, aprendió algo.