Otro problema en el horizonte

La adversidad constituida por el sensacionalismo a nivel internacional que pone en duda la seguridad para turistas en República Dominicana declinará indefectiblemente a falta de más casos aprovechables para desacreditar; pero a las playas arriba con insistencia otro enemigo de origen vegetal que se esparce por el Caribe: el sargazo contamina las buenas aguas azules y ahora por añadidura trastorna la generación eléctrica en plantas de litoral que se apoyan en el caudal marino para enfriar maquinarias sin filtros apropiados. El camino más práctico debe conducir a la interceptación de concentraciones de algas atribuidas a cambios climáticos; y es República Dominica uno de los países más pronosticados por su condición isleña a ser golpeados por la alteración ambiental.

Es opción válida desplegar mallas retenedoras de los residuos que la corriente marina arrastra recurrentemente hacia la costa sur. Trae mantos apestosos que emiten gas y que deben ser bloqueados desde las proximidades a los grandes centros hoteleros y sus balnearios. La acción protectora no debe retrasarse por indecisiones o falta de una coordinación público-privada que recurra a herramientas apropiadas para la tarea. Tratándose de un problema común a la cuenca caribeña, importantes consorcios de otros países ponen gran atención al creciente daño y buscan alternativas de solución. El país debe ser parte de una estrategia regional contra el sargazo.

Protección social que corre peligro

Tras generar frustraciones por muchos años a sus afiliados en materia asistencial y de otorgamiento de pensiones, el Instituto Dominicano de Seguro Social propinaría un golpe más a los trabajadores que han estado a su amparo si su disolución por ley no preserva, con modificación al texto, derechos adquiridos antes de surgir el Sistema de Seguridad reemplazante.
El exgerente del nuevo organismo, Arismendy Díaz Santana, calcula que cien mil cotizantes perderían acceso a pensiones en calamitosa consecuencia. El IDSS debe pasar a la historia y a la sepultura que políticos y dirigencias a fines le cavaron con inoperancias y clientelismo, un enterramiento que no puede incluir a quienes aportaban parte de sus salarios y sostuvieron al Instituto por mucho tiempo confiando en pasar alguna vez a un retiro digno.