Oye multitud
¿Contiene la Biblia declaraciones que no están de acuerdo con la ciencia?

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POR CLAUDIA HERNÁNDEZ DE ALBA
Los incrédulos a menudo afirman que la ciencia ha demostrado que la Biblia es obsoleta. Los descubrimientos modernos dicen en sus argumentos han hecho que la cosmovisión bíblica parezca ridícula.

Esta posición hace varias suposiciones erróneas y pasa por alto la perspectiva de la Biblia.

La Biblia no es un texto de ciencia. Su propósito no es explicar con palabras técnicas la información científica acerca del mundo natural, sino explicar los planes de Dios y su relación con el hombre, para tratar de los asuntos espirituales. En definitiva, no es un texto técnico para científicos.

Las descripciones bíblicas en lo concerniente a la naturaleza no son ni científica, ni faltas de ciencia, sino compuestas con palabras que no son técnicas, sino a menudo generales, para que aún los iletrados puedan entenderlas. Esto no quiere decir que sus declaraciones sean incorrectas; significa que fueron escritas desde el punto de vista y el idioma de un observador no técnico, para un público general.

Aunque la Biblia fue escrita durante una época en que prevalecían ideas fantásticas acerca del mundo, se muestra única en sus opiniones sobre la creación, la naturaleza y Dios. El crudo relato politeísta de los babilonios acerca de la creación del mundo está en conflicto directo con la sublime historia que se encuentra en el libro del Génesis (puede comparar las semejanzas y las grandes diferencias que muestran la superioridad del relato bíblico en Archeology and The Old Testament, (La arqueología y el Antiguo Testamento, Merryll F). Unger, Grand Rapids, Zondervan, 1954, pp.26-38).

La creencia prevalente entre las naciones de la antigüedad era el politeísmo, creencia diametralmente opuesta al monoteísmo de la Biblia, el único monoteísmo de los tiempos antiguos. La Biblia no se puede explicar de modo adecuado, sólo como producto de su propio ambiente.

Las declaraciones de la Biblia en lo concerniente a asuntos científicos están a un nivel diferente de la otra literatura de su tiempo.

Las Escrituras no acogen ideas fantásticas acerca de la ciencia y del mundo natural; en cambio, aún los filósofos griegos más eruditos tenían nociones ridículas acerca de la luz, la creación y la astronomía.

Los Vedas, que son la Escrituras hindúes, enseñan “que la luna esta aproximadamente a 240.000 kilómetros más alta que el sol y brilla con su propia luz, que la tierra es plana y triangular, y que los terremotos son causados por elefantes que sacuden debajo de ella”.

Fue Tolomeo quien sugirió que la tierra era plana. Leemos declaraciones como estas y nos reímos, pero no hallamos declaraciones absurdas en la Biblia, que sean semejantes a las anteriores.

La ciencia y las Escrituras no se excluyen mutuamente. Sólo ven el mundo desde perspectivas diferentes, pero no se contradicen.

Es lógico pensar que si el mismo Dios creó el orden natural y se comunicó con el hombre a través de la Biblia, y que si Él es competente, buscaría que este doble testimonio de sí mismo ensanchara su causa y no la avergonzara ni la desacreditara.

Una parte interesante que se debe notar es que el propio origen de la ciencia moderna descansa sobre las verdades de las Escrituras. El hecho de que hay un Dios que creó y diseño un universo ordenado movió a hombres como Newton a buscar ciertas leyes científicas para explicar este orden. Así que la ciencia, en vez de socavar el fundamento de la autoridad bíblica, debe encontrar sus raíces en ella.  

Claudia hdez_07Hotmail.com