Pacto Leonel-Miguel

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Sería injusto atribuirle a Leonel Fernández todos los males del PRSC y del PRD, pero la historia no lo liberará del juicio a que serán sometidas sus acciones para mantener la oposición debilitada y sumida en una lógica que le resulte favorable.

Primero ayudó al descalabro del reformismo, y ahora se aventura a promover tensiones en el PRD. ¿Cómo lo hace? ¿Por qué lo hace?

Le ayuda la historia de los partidos, subordinados a caudillos que no promovieron la institucionalización y democratización de sus organizaciones, y también, tener mayor formación y comprensión de la política que sus contrincantes.

Con la desaparición de Joaquín Balaguer, los reformistas quedaron descarriados y no emergió un líder con posibilidad de aglutinar la cúpula y la masa electoral balaguerista.

La incapacidad de producir nuevos liderazgos, la rivalidad personalizada entre los dirigentes y su sed clientelista, condujeron a los múltiples fraccionamientos del PRSC entre 2004 y 2008.

El sonado proceso de reunificación a partir de fines de 2008, fue una embaucada de Leonel Fernández para quitarse presión de los reformistas.

La idea de que serían escogidos como aliados para asegurar la continuidad de Leonel en el poder los embriagó y su fuerza residual se desvanece con el Pacto Leonel-Miguel.

Ahora le toca el turno al PRD. En la campaña 2008 se mantuvo fragmentado, aunque eligieran temprano a Miguel Vargas candidato.

Desde entonces han coexistido tres polos fundamentales en ese partido: el de la dirección encabezado por Ramón Alburquerque, el de Hipólito Mejía, y el de Vargas Maldonado.

En la campaña electoral, la dirección del partido nunca enganchó con la estrategia de Vargas, e Hipólito intervino cuando quiso y a su manera.

Después de las elecciones, el PRD ha estado sumido en un impase por el poder de veto de cada uno de los líderes principales.

Vargas Maldonado se ha mantenido como figura de mayor apoyo electoral, pero ni Alburquerque ni Mejía han querido alinearse en su proyecto.

Leonel Fernández les rompió el impase con un simple pacto, ante la necesidad de sumar legisladores para revitalizar la reforma constitucional que se descarrila en medio de desacuerdos y presiones sociales.

El Artículo 30 quebró públicamente la unidad congresional del PLD, y la fuerza cívica que se ha constituido contra ese artículo evidenció los obstáculos que enfrentaría el también controversial enunciado de la reelección.

El objetivo central de Fernández con la reforma constitucional es asegurar su postulación en el 2016, y el acuerdo con Vargas le permite ahora articular una mayoría congresional para lograr la modificación constitucional que desea.

Con el acuerdo, Leonel Fernández se convirtió en la ficha que desempató el juego político en el PRD, pero el desempate perturbará ese partido porque ahora quedan dos opciones: enfilarse con Vargas o enfrentarse abiertamente.

Para Leonel Fernández, los usos del pacto son múltiples. 1) salió a España dejando la reforma constitucional encaminada; 2) trasladó la conflictividad de lo social a lo electoral; 3) contentó a los legisladores con aspiración reeleccionista que tendrán un período de seis años en vez de cuatro en el nuevo período electivo; 5) debilitó el bloque reformista como ente negociador y político; 6) precipitará la conflictividad en el PRD, que dará cierta ventaja electoral en el 2010 a un desgastado PLD; y 7) insertará los legisladores perredeístas a la reforma constitucional para darle una apariencia consensual.

El pacto abre las puertas electorales a Fernández, Vargas y Mejía; también a los funcionarios electos a nivel congresional y municipal. Por eso será asumido por la mayoría de la clase política aunque se violentaran los mecanismos de toma de decisión en los partidos.