Pacto Nacional para la Reforma Educativa

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Cuando el anterior Ministro de Educación Carlos Amarante Baret hablaba de la ocurrencia de una reforma del sistema dominicano de instrucción pública en referencia a sus labores al frente de la Cartera de educación pensábamos que exageraba y así lo expresábamos en algunos de los artículos que publicamos todos los martes en este matutino. Lo hacíamos sin dejar de reconocer los esfuerzos que desplegaba el extitular de Educación y hoy ministro de Interior y Policía en favor de elevar la calidad de los servicios que se ofrecen en las escuelas públicas. Como se observa en el párrafo siguiente, el tiempo no tardó en darnos la razón.
El actual ministro de Educación, arquitecto Andrés Navarro, acaba de recibir un informe de parte de dirigentes magisteriales de los municipios de Santo Domingo, Monte Plata, San Cristóbal y de otras municipalidades. Dicho pliego contiene datos relativos a más de 13 mil problemas que están afectando al sistema. El titular de la Cartera de Educación, en entrevista exclusiva para el periódico Hoy, entre otras cuestiones, afirmó que en sus recorridos por las escuelas ha podido contactar evidencias de múltiples inconvenientes en materia de dotación de servicios, de deterioro de plantas físicas, y de escasez de materiales didácticos entre otros. Manifestó sus intenciones de buscarle solución a esos problemas y a otros que en el futuro pudieran advertirse.
La elaboración y firma de un Pacto Nacional para la Reforma Educativa evidencia el deseo del gobierno del presidente Danilo Medina y de los compromisarios con el mismo de que la escuela dominicana esté a la altura de la de más países de la América española y el Caribe. Demuestra que sabemos lo que queremos; pero, ¿cuántos millones de pesos y de dólares costará lo que tanto deseamos? Proyectos como el de la tanda extendida; la construcción y reparación de miles de aulas; la capacitación y formación de miles de maestros y de su posterior incorporación al servicio del sector requiere, no sólo de cuantiosas inversiones de parte del Estado, también, de grandes esfuerzos y dedicación de parte del personal docente y administrativo. No debe perderse de vista que la reforma de la educación ocurre en las aulas de clase y que el oficio de maestro exige conocimientos y demanda competencias y actitudes que en muchos casos no coinciden con las que deberían desprenderse de la posesión de un título normalista o universitario.
Las estadísticas oficiales muestran algunos resultados positivos: Entre el 1996 y 2013 la cobertura neta experimentó un aumento importante en los niveles básico y medio; la tasa de deserción un ligero descenso; y lo mismo ocurrió con la tasa de repitencia. Pero, la existencia de un desequilibrio entre la inversión en educación preuniversitaria (4% del PIB) y la superior (0.33% del PIB) se mantiene. Esto último, podría engendrar problemas mayores a los ya solucionados.
En la época en que vivimos de cambios acelerados, las universidades pueden realizar importantes aportaciones al avance y progreso de la sociedad, siempre que se le dote de los recursos económicos necesarios y que las mismas sean suficientemente previsoras para adaptarse a los grandes cambios que constantemente se están produciendo en torno a ellas. La misión que en particular tiene hoy la Universidad Autónoma de Santo Domingo es mucho más compleja que ayer. Sus principales deberes son el de enseñar y el de llevar a cabo investigaciones, tanto al máximo nivel de aplicación no inmediata como de aplicación más próxima. También, el de encargarse de tareas de servicios que den respuestas a problemas que afectan a la sociedad. Además de todo esto, la UASD ha de estar siempre disponible, como lo está, para colaborar en la formación continuada de sus egresados que procuran asimilar nuevos conocimientos y adaptarse al uso de nuevas tecnologías.