Padre a puro sudor y sacrificio, pero satisfecho de su rol

http://hoy.com.do/image/article/836/460x390/0/30FED2A4-040B-4D4F-A238-E64D7DA3FE59.jpeg

Arrastrando una carreta de carbón, con la pobreza a cuestas durante ya 65 años y con la firme decisión de salir día por día a buscar su sustento, don José Berroa ve llegar otro ‘Día de los Padres’,  fecha en la que espera recibir algún regalito de lo poco que sus hijos puedan darle.

Aunque tuvo dos esposas, nunca se separó  de  sus hijos Yovanni, Ojina, Alex, Sandy y Andrés, de quienes se enorgullece en decir que aunque no son profesionales “han aprendido algo y nunca han caído presos”.

Recuerda que cuando eran niños los educó inculcándoles  el respeto y la honestidad, valores que, entiende, se han ido perdiendo en los últimos tiempos.

“En antes se criaban los muchachos muy bien. No es como ahora que están de malcriao’. Si uno le decía deje eso ahí, lo dejaban o si llevaban algo a su casa uno preguntaba: “quién le dio eso”, uno averiguaba, ahora no”, expresó.

Dijo que comenzó la venta de carbón con su padre, que de niño se lo llevaba a vender por las calles. Cuando su progenitor ya no pudo más, él decidió tomar el control de la carreta y empujarla por la ruta que le provee los recursos para poder sobrevivir en medio de la pobreza.

“La ruta mía es larga, yo doy muchas vueltas: yo saldo de la Marcos Adón y cojo Villa Consuelo, cojo la Pimentel, la Luis C. del Castillo, ahí cojo la Francisco Henríquez, cojo la Oviedo y por la Tunti me voy”, dice el sexagerario hombre.

Reconoce que ha trabajado duro, pero dice que está impuesto y con eso consigue  “la comida”. Aunque reside en Villa Mella, guarda su carreta en Villa Consuelo, de donde parte día a día. Don José tiene cifradas sus esperanzas en  Giovany, uno de sus hijos que recientemente viajó a Estados Unidos. De ese viaje cuenta que se hizo a retazos y que él mismo tuvo que buscar dinero prestado para  que su hijo completara el pasaje.

 Aunque entiende que Nueva York está difícil en el plano económico, tiene la esperanza de que a su hijo le  irá bien y, en su momento, podrá ayudarlo.

En el ancianato. Lejos de las realidades, de las calles y los comercios, muchos son los padres que pasarán este día “sin pena ni gloria”, lejos de seres queridos y de aquellas celebraciones, como algunos de los ancianos del hogar San Francisco de Asís.

Muchos son los ancianos que no recuerdan cuándo llegaron hasta el ancianato, tampoco saben si alguno de sus hijos, nietos o demás familiares le visitarán en esta fecha que supone un día especial.

Otros corren con una mejor “suerte” porque tienen la certeza de que sus hijos estarán ahí desde las primeras horas de hoy acompañándoles a celebrar este día, como el caso de Félix Castillo Sánchez, quien tiene 85 años de edad, pero dice perdió la cuenta de cuántos hijos tiene.                         

“Ya perdí la cuenta. Pero ellos vienen mañana (hoy) toditos para acá, y el martes vienen todas las hembras”, dice Castillo, oriundo de San Juan.

Otros como Félix Josué Sinior, no podrá ver sus tres hijos porque ellos residen en Estados Unidos, aunque dice que ellos no se descuidan y siempre le mandan dinero. A sus 99 años se diferencia de otros por su lucidez para algunas cosas, como canciones clásicas.