Padres y crisis de paternidad

Es hoy el día del año que la tradición y los entusiasmos filiales y comerciales hacen mirar, generalmente con ánimo  de homenaje y reconocimiento, hacia la figura del progenitor en un marco que debe ser fundamental en la sociedad: la familia. Cada hombre que haya cumplido bien su rol en ese sentido deberá sentirse en paz con su conciencia. Los reconocimientos serán merecidos.

Pero es inevitable, en la fecha, ver más allá de lo individual y lo idílico, pues detrás de algunos graves problemas de la nación se percibe un extendido fracaso del principio de autoridad. La paternidad irresponsable, que puede tener varias causas, genera muchos huérfanos de padres vivos. Niños que ingresan a la adolescencia y a la adultez en situación de conflicto con el medio.

Es claro además que las agudas desigualdades sociales, que colocan con mucha riqueza y beneficios  del crecimiento en manos de un sector reducido de la República, están teniendo consecuencias peores con motivo de la crisis económica presente, que incluye un alto componente externo. Ahora es más difícil cumplir, como Dios manda, con las obligaciones del hogar. Ánimo  y felicitaciones a los padres que resisten con éxito tales embates. Compasión para los que no.

Los crímenes contra crímenes
Con alarmante frecuencia, una función que correspondería a la Policía y a los tribunales es asumida en forma instantánea e ilegal por gente en la calle que persigue, golpea y mata a individuos señalados como autores de delitos. Alarma comprobar que el ciudadano de a pie esta cada vez más impulsado a reaccionar como  si los recursos ordinarios que deben utilizarse para detener y procesar a supuestos delincuentes no sirven de mucho. Una ley selvática está de regreso en las mentes y en la acción populares.

El Día del Padre sorprende al “padre Mayor” que debe ser el Estado cumpliendo mal sus deberes. Su autoridad debe expresarse siempre como monopolio de la fuerza al servicio de los ciudadanos que se acogen a su manto protector  y común. La insuficiente  aplicación de recursos a cargo de instituciones que siguen mostrándose débiles obran en contra de la aspiración ciudadana a vivir en paz y con mayor seguridad.