País estancado en un círculo vicioso

SAMUEL SANTANA
Por lo visto, todo parece indicar que los políticos de nuestro país tienen la nación acorralada dentro de un círculo vicioso maldito y del que no parece haber escapatoria alguna. Cada vez que llega un nuevo partido al poder, llega por haberse proyectado con un pregón a viva voz saturado de promesas y de planteamientos que serán la panacea capaz de acabar con todos los problemas y con todas las necesidades de la nación.

Sin embargo, a pesar de la sucesión de rostros, de figuras, de personalidades, de cerebros, de retóricas y de colores de partidos, el país sigue viviendo la misma situación de hace muchos años.

Nos encontramos estancados en lo mismo de siempre. El pueblo tiene que seguir sufriendo, soportando, aguantando y recibiendo las mismas penurias de siempre.

Se prometen y se anuncian las construcciones de acueductos, pero la gente no recibe ni una gota de agua en muchos sectores de la capital y del país.

El ministerio de agricultura lanza planes y proyectos impresionantes, pero los productos agrícolas y los alimentos en general no están al alcance de toda la población. Siempre hay escasez y carestía.

Aquí está prohibido enfermarse. Los hospitales parecen, más bien, centros donde espera la muerte con su perversa guadaña. Allí nunca hay medicamentos ni profesionales dispuestos a servir. Son centros que están vapuleados por la falta de recursos y por la disconformidad de hombres y mujeres que no ven satisfechas sus interminables demandas.

Describir la condición de un hospital público es correr el riesgo de revolver las entrañas con los detalles de situaciones inhumanas e insalubres.

¿Cuántos años llevamos ya con el triste cuento de los apagones?

La ineficiencia de este servicio ha tenido varias explicaciones, tan verosímiles como la que fue atribuida a las chichiguas. Otras han sido más sofisticadas y consideran que ha sido por la falta de plantas de generación o por el costo operacional de esas unidades después del incremento de los combustibles en el mercado internacional, a más de que una porción importante de la población no paga el servicio.

Pero esos argumentos es cuando se llega al poder. Cada partido político desde la oposición ha tenido sus técnicos que han vendido la idea al pueblo de solución. Recordamos ese famoso líder que pedía que lo pusieran al frente de la entonces Corporación Dominicana de Electricidad para resolver de una vez y por toda el problema. Todo fue un desastre el día que su propio partido llegó al poder y a él le tocó el turno de demostrar lo que había pregonado.

Son muchas las alternativas fallidas en este sentido, entre las que se cuenta la transferencia al sector privado de este servicio, constituyéndose hasta el día de hoy todo un fracaso.

De los impuestos ni hablar. El pueblo dominicano ha tenido que apretarse bien los pantalones en los últimos años con el incremento indetenible de los recursos a pagar al fisco. El Estado nos saca los cuartos en cada cosa que usamos: combustibles, alimentos, ropas, viviendas, medicinas, servicios, ad infinitum. Lo peor de todo es que la compensación nunca se ve.

Todo esto es para cubrir nóminas desbordadas de una burocracia integrada por los miembros del partido en el poder. Lo mismo que para cubrir la carrera alocada de préstamos cuyos resultados no se perciben por ningún lado.

La experiencia vive repitiéndose. Se vota por un candidato político que al llegar al poder se torna en una frustración al hacer y ser todo lo contrario de lo que había predicado.

Se sustituye por uno que en el pasado gobernó con ciertos matices de diferencia con relación al que estuvo, pero, al final, uno nota que se repiten las mismas mañas, las mismas acciones y que se camina por el mismo sendero de siempre.

Busque usted cualquier periódico de cualquier fecha del pasado y notará que las historias giran en torno a lo mismo que hoy se vive: que no hay energía eléctrica, que los hospitales carecen de medicina, que la comida está cara, que no hay trabajo, que hay cancelaciones en el gobierno. Y en cuanto al escenario político se viven las mismas acusaciones de corrupción, ineficiencia, descontrol en el gasto público por el gobierno, polémicas partidarias y un más de lo mismo.

Todo esto lleva a indicar que, definitivamente, República Dominicana se encuentra estancada dentro de un círculo vicioso incambiable.