País pobre, políticos ricos

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
Las desigualdades existentes entre las clases sociales del país agudizan de manera horrible el nivel de pobreza que apabulla a un tremendo sector poblacional, y deja en la cúspide a un reducido núcleo, disfrutando de las riquezas nacionales, ya sean éstas bien habidas o mal habidas.

De esas desigualdades sociales económicas surge la preocupación de que si este país, tanto en su economía subterránea como en la formal genera tantas riquezas, no deberían existir tantas diferencias, que cada día se agudizan a medida que más gente se incorpora a la vida política o militar y mucha de ella se sumerge en las redes de lo ilegal, representado por el auge de las drogas y la trata de blancas, sin dejar de mencionar el aumento de los viajes ilegales, reprimidos últimamente eficazmente, quizás hasta que entremos en la temporada de huracanes, la cual desestimula parcialmente el auge de los viajes a Puerto Rico.

El país es una cantera de producción de riquezas mal distribuidas, por lo cual es pobre. En esas riquezas, y sin sonrojo, debemos señalar como la corrupción y el narcotráfico campean por doquier, en donde la proliferación de ricos de la clase política, militar y empresarial asombra cuando se compara con otros países más extensos y de mayores recursos, humanos, industriales y naturales.

Los políticos que ha padecido el país en los últimos 45 años han despedazado casi todo el tesoro nacional a su mejor albedrío y con sus promesas y lenguaje engañoso han embaucado a todas las clases, principalmente a la que se alimenta de promesas y esperanzas como es la pobre, que creyendo en ellos, los ha elevado a posiciones cimeras de poder para verlos como roban, sin temor a castigos judiciales, los recursos que estaban destinados al bienestar común.

No hay duda que vivimos en un país que permite tantos abusos con los recursos naturales, con los económicos, morales, etc., y lo peor, cómo por obra y gracias de los gobiernos, especialmente los dos últimos perredeístas, hemos visto surgir el narcotráfico, plantando sus reales en el territorio para constituir una enorme pesadilla para controlarlo, y de como los amos tutelares de la región se preocupan por ese estado. Y es que en los primeros cuatro años de la presente década el narcotráfico arropó a casi toda la clase política y militar en el gobierno de entonces. Casi todas las actividades estuvieron afectadas por ese avance de un comercio mortal y que aquí se vio como proliferaron los nuevos ricos, aumentaron la construcción de torres costosas de apartamentos, que no solo eran para los millonarios peloteros de grandes ligas o de los bachateros nacionales, sino que la demanda estuvo estimulada por el narcotráfico y los empresarios evasores de impuestos, que ahora son requeridos por Impuestos Internos. Era un dinero fácil que debía salir rápidamente de manos de los beneficiarios; la mejor manera era sembrando varillas y cemento, o en aviones, yates, pinturas famosas, megadivas y carros de lujo.

Sin embargo, para lo anterior, hubo un alto en el camino, cuando el pueblo, cansado de la situación, al ver como se le golpeaba descaradamente con esas riquezas, mientras la calidad de vida se hacía insostenible con la inflación galopante y una acelerada devaluación del peso, resolvió solidariamente el 16 de mayo del 2004 repudiar a sus gobernantes de entonces, empecinados en un desafortunado intento de reelección que tuvo en contra todas las presiones internacionales, e internamente provocó un aglutinamiento de más del 57% de la población, que votó en contra del descrédito a que el PPH y su PRD habían conducido al país en los primeros años del siglo XXI.

Indudablemente vivimos en país con muchos políticos ricos. Eso se nota en estos días cuando la campaña interna de los tres partidos mayoritarios, principalmente en el PRD, hay un derroche de dinero por candidaturas a cargos internos de los partidos que eventualmente no le resarcirían de inmediato. Se está utilizando un dinero que fue fruto de los generosos años que ocuparon alguna posición importante en el gobierno anterior, o son tan suertudos, que puede aparecer algún incauto filántropo apoyándolo, cosa que es improbable cuando los empresarios están asustados por la inminencia del TLC o de la llegada de los inspectores de Impuestos Internos a fiscalizar sus operaciones.

Vivimos en un país pobre, con riquezas mal distribuidas, para lo cual los ricos políticos y militares se han encargado de bloquear que exista un desarrollo sostenible. Mientras la corrupción domine el ambiente todo será frustratorio para esta generación y las demás, o hasta que llegue un baño moral de rectificaciones para hacer de este país un hogar nacional.