Palabrejas políticas

Federico-Henríquez-Gratereaux

Durante toda nuestra juventud estuvimos “braceando” en medio de expresiones políticas: comunismo y capitalismo, liberalismo y dirigismo, democracia y dictadura. Nos hablaban continuamente de progresistas y reaccionarios, de las antiguas “formas de gobierno”, de los “regímenes políticos” conocidos, de la “justicia social. Eran los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, los de la Guerra Fría y, en nuestro país, los tiempos posteriores a la muerte de Trujillo. Queríamos entender el sentido de los conceptos, el alcance y los límites de su significado. No era un simple problema semántico; no, era un asunto colectivo próximo a la “necesidad existencial”.
En una ocasión fui invitado a almorzar a un restaurante de comida chilena, en Buenos Aires; la invitación la hizo un funcionario de la cancillería argentina que había residido en Santo Domingo. Una de sus hijas cursó estudios con una de las mías. Acompañaba entonces la delegación dominicana encargada de traer a la RD las cenizas de Pedro Henríquez Ureña. Al salir del lugar nos detuvimos en una estación de gasolina a tomar combustible. Allí oí un hombre que se dirigía a un empleado: “ustedes los peronistas han inventado el mejor rótulo político del mundo: Partido Justicialista”.
Ese nombre puede ser interpretado de mil modos: “dar a cada uno lo que es justo”, llevar a cabo un programa de “justicia social”; puede tratarse de justicia económica, laboral o judicial. El justicialismo del general Juan Domingo Perón también servía para “ajusticiar” a los enemigos del Partido. Este “Justicialismo” es un concepto jabonoso; lo mismo alude al ángel justiciero que al esbirro vengador; puede quitar al rico, dar al pobre, arrasar o elevar clases y personas. También tiene la “ventaja” de que no parece tener conexión con el capitalismo ni el socialismo.
No “parecerse” al socialismo era importante por las tensiones de la Guerra Fría: evitaba acusaciones de comunismo; y no parecer capitalista resultaba atractivo para los sindicatos de trabajadores. A las injusticias de las monarquías, siguieron las injusticias de las repúblicas y luego las injusticias del socialismo totalitario. ¿Podría haber algo mejor que un “justicialismo” que enmendara tan prolongados abusos? De los viejos jesuitas del Paraguay ellos tomaron dos palabrejas políticas más: “organización societaria”, nunca socialista. (1/4/12).