Palo si bogas, palo si no bogas

JOSE ANTONIO MARTINEZ ROJAS
En los últimos días, la Policía Nacional (PN) ha actuado enérgicamente contra los que de una manera u otra violentan el orden público y cometen fechorías, asaltos, secuestros, violaciones y crímenes, que han mantenido en zozobra a la ciudadanía, sobre todo en los barrios marginados.

Esto ha traído una reacción positiva en una población que está harta de tanta inseguridad, no obstante el Gobierno jactarse del denominado “barrio seguro”. No ha sido una sorpresa que nuestro Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez se haya manifestado a favor de esta drástica profilaxis que ha traído un respiro a la población, dentro de un clima de tanta violencia como el que se está viviendo en la actualidad.

Ahora bien, siempre hay un segmento de la población que está inconforme y lo que más nos ha sorprendido es que sean los denominados defensores de los derechos humanos los que amparen a estos delincuentes. Sin embargo, cuando en el enfrentamiento ha sucumbido un miembro del orden público, entonces dan la callada por respuesta, ya que esta posición no les trae simpatía dentro de la ciudadanía. Esto nos recuerda lo mucho que gozan los fanáticos de un equipo contrario, cuando el árbitro, que ha cantado una jugada que ellos consideran desacertada o equivocada, recibe un pelotazo salido de bateador de turno. Pero cuando la decisión les favorece, entonces permanecen silentes para que no sepan que ellos aprueban esa acción.

La ola de robos, raterías, despojo de vehículos, tanto de motor como de tracción humana, mantiene en vilo a ciudadanos impotentes que ya no saben qué hacer para evitar estos actos delincuenciales en los cuales, cuando ha sido comprobado que algún miembro del orden público forma parte de una banda, es separado deshonrosamente de la institución. Entonces, los defensores de los derechos ciudadanos protestan porque los medios de prensa, tanto radiales como escritos, le abren un espacio para rumiar las verdades a medias que relatan, no obstante haberse comprobado que la mayoría de los que han caído abatidos tienen un prontuario de fichas que la ciudadanía no se explica cómo se encuentran en libertad, a no ser por la existencia de jueces y fiscales venales, que aceptan descarada e impunemente el cohecho.

Los malhechores han quedado advertidos por el mayor general Acosta Fermín que no se amilanará ante los criminales por más amenazas que hagan contra las fuerzas del orden en el cumplimiento de su deber. Somos de opinión que si en el pasado un jefe policial hubiese actuado tan enérgicamente como el actual, hoy estuviésemos disfrutando de un clima de paz y existiese más respeto a los ciudadanos. Ahora bien, lo que resulta una paradoja, es que no imparta instrucciones para que se acabe el relajo existente en el tránsito terrestre. Así como existen peligrosos delincuentes dentro de la población civil, entre los conductores hay terroristas irresponsables, que violando las leyes de circulación, llevan luto y lesiones permanentes a personas, muchas veces sin recursos, que deben abocarse a pulular durante el resto de su  vida porque un “talibán del volante” lo embistió y se declaró insolvente; o por influencia lo descargaron. Son nuestros deseos que así como se está actuando con mano dura contra los delincuentes, se actúe en consecuencia contra los conductores desaprensivos.