Panamá   
La ciudad entre dos océanos

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Esta ciudad se encuentra en pleno auge inmobiliario, atrayendo jubilados y empresarios extranjeros que invierten en segunda vivienda en la boscosa zona del distrito de Boquete y Bocas del Toro, en la provincia del Chiriquí, a unos 515 kilómetros al oeste de la capital

POR JACQUELINE VENTURA
Ubicada en el extremo oriental del itsmo que une a Centro y Sudamérica, la ciudad de Panamá se percibe, a distancia, moderna, acogedora y manejable, por cuanto no es una urbe de grandes extensiones, pero sí impresionantemente bien delineada, urbanísticamente hablando, donde las edificaciones verticales de concreto, acero y cristal son su sello de distinción.

Con apenas 600 mil habitantes –en todo el país sólo hay 3 millones–, este destino se abre al visitante con una propuesta variopinta que va desde centros comerciales con firmas de prestigio, mercancías de todas partes, tiendas “libres de impuestos” y un centro financiero donde están representados la mayoría de los principales bancos del mundo; amén de su importante puerto que une el Océano Atlántico con el Pacífico, y una rica herencia cultural histórica, reforzada por los tiempos que corren en los que la inversión inmobiliaria y el auge del turismo marcan la pauta.

Panamá, que en lengua indígena significa “abundancia de peces”, se encuentra en pleno auge inmobiliario, atrayendo jubilados y empresarios extranjeros que invierten en segunda vivienda en la boscosa zona del distrito de Boquete y Bocas del Toro, en la provincia del Chiriquí, a unos 515 kilómetros al oeste de la capital y al noroeste, respectivamente. Mientras, en ésta, no cesan las construcciones de edificaciones de torres de apartamentos y hoteles, a cual más alta y más lujosa, lo que da a la urbe un aire de un intenso movimiento económico y  vertiginoso desarrollo.

Así, los guías turísticos hacen un recorrido rápido por la ciudad y promueven por un lado, entre los atractivos vetustos y modernos, el acervo cultural panameño, la torre que levanta el multimillonario Donald Trump en Punta Pacífica –una de las zonas más exclusivas de la ciudad–, y lo que será el edificio más alto de Latinoamérica –con 350 metros de altura–, el Palacio de la Bahía, que levanta el grupo español Olloqui a un costo de 220 millones de dólares en la popular avenida Balboa, paralela a la Bahía y frente a las aguas azul-grisáceas del mar más apacible de todos los mares, el Pacífico.

Descubrir esta ciudad en un día y medio es casi un milagro, posible sólo si se hace de la mano de un guía experto. De esta manera certera se disfruta de una metrópolis entre dos océanos, el Pacífico y el Atlántico, de naturaleza exultante, multicultural, apegada a sus tradiciones y donde, a simple vista, en las vías citadinas, se tiene el privilegio de observar una de sus razas indígenas más ancestrales del área: los Kuna, que vienen a la ciudad desde el archipiélago San Blas con sus típicas y coloridas vestimentas aportando a la modernidad la artesanía Mola, orgullo de todos los panameños, promovida como un don muy preciado de su herencia cultural más arraigada.

 

Panamá viejo

Fundado en 1673, está conformado por un conjunto de imponentes edificaciones, algunas en restauración, donde destacan la Catedral de Nuestra Señora de la Ascensión, el Convento de San José, el Ayuntamiento, el Mercado de Esclavos, la Catedral y el Hospital San Juan de Dios. Algunas de las viejas edificaciones se encuentran en plena restauración y otras sirven de escenario a presentaciones artísticas de importancia.

 

Panamá colonial

Sus callejuelas empedradas y los balcones repletos de flores multicolores dan la bienvenida al visitante, que ávido de aprender de la historia  se deja llevar por las explicaciones del guía experto. “Por aquí pasaba un tranvía, que enlazaba la ciudad con el arrabal. Allá, en aquella esquina, está la residencia del más internacional de los panameños, el músico, político y compositor Rubén Blades”. Aquí, en esta zona hay un movimiento extraordinario de turistas que cámara en mano captan las imágenes de edificaciones y momentos cotidianos de una ciudad que, aunque vieja, late al ritmo de los tiempos modernos.

De esta manera se encuentran algunas indígenas Kuna mercadeando artesanías típicas de su etnia: pulseras, artículos elaborados en la técnica Mola, hamacas… Todo bien si se acerca para comprar. Dan el precio y si pide rebajas, puede que consiga un precio menor… pero nada de fotos. Son expertas en esquivar las cámaras, porque según su creencia, las fotos les quitan la virginidad. Sin embargo, a manera de chiste, nuestros anfitriones expresan que esta virginidad se negocia por el módico precio de tres dólares.

Para mitigar el calor en esta zona, atrévase a refrescarse con un “raspao”, que no son otros que los populares frío frío nuestros, pero aquellos elaborados con normas de calidad para el consumo humano.

En este señorial enclave está el Palacio Presidencial, mejor conocido también como Palacio de las garzas, compartiendo espacio con hoteles, museos, mercados artesanales y uno que otro café, que sin duda alguna, imprimen vitalidad a la zona.

Este escenario es ideal para apreciar la convergencia de tres estilos de construcción, española, italiana y francesa, cuya amalgama da por resultado un marco arquitectónico con predominio del francés y neoclásico.

De interés

Los “City tour” es lo más aconsejable para el que va por pocos días. Estos se pueden solicitar en el hotel, garantizando de esta manera un guía profesional con un conocimiento más que aceptable de los puntos de mayor atractivo de la capital panameña, aparte de contar con un mecanismo seguro para ello. Por unos 17 dólares y en un tiempo récord de tres horas, puede conocer los principales lugares de la ciudad:

– Panamá Viejo

– Panamá Colonial

– Centro de la ciudad

El Canal Colón, si dispone de tiempo, le puede tomar un día entero visitarlo, ya que el trayecto de ida y vuelta es largo. Los guías explican que hay pocas tiendas que venden al detalle, la mayoría son almacenes de venta al por mayor.

Los centros comerciales de mayor promoción son el Albruch Mall, cercano al aeropuerto y el City Mall, en Punta Pacífica. En este último encontrará marcas de renombre, a unos precios que, aunque no son gangas, puede que tenga la suerte de “pillar” algunas ofertas.

El Albruch Mall, en cambio, puede resultar atractivo si no es tan exigente con la calidad de lo que compra. Puede encontrar una que otra firma reconocida, como Tommy Hilfiger,  Zara y Polo Ralph Lauren, pero los precios no distan mucho de las franquicias que operan aquí, en República Dominicana.

Panamá es ideal para realizar compras de electrodomésticos como televisores, radios, equipos de música y artículos personales de tecnología de punta, como celulares, videocámaras, cámaras fotográficas, relojes de lujo, agendas electrónicas; artículos para viajar y perfumes, ya que si va a una zona franca, Cost-way y el aeropuerto, por ejemplo, se librará de pagar impuestos. Definitivamente, es en estos renglones donde más ventajas tiene el viajero comprador, alcanzando una diferencia sustanciosa con respecto a República Dominicana.

Es aconsejable que lleve una idea clara de lo que quiere comprar y que, en la medida de lo posible, haga una pequeña investigación de precios, antes de lanzarse a adquirir lo que quiere, porque entre una tienda y otra, sobre todo en el aeropuerto, puede llevarse una sorpresa, ya que la mayoría de las veces, hay variación de precios en el mismo artículo.

El Canal de Panamá, una vía con muchas alternativas

Los turistas interesados en ver esta ruta interoceánica ejecutada por el hombre, acceden a un área reservada para tales fines, desde donde, en horas puntuales, se puede observar el trasiego de las naves desde un gran mirador.

Ubicado en la región de Miraflores, esta magnífica obra de la ingeniería moderna es un dinamizador para la economía panameña. Por esta vía marítima, que corta el istmo para unir a los océanos Pacífico y Atlántico, pasaron en el 2005 14.011 buques de tonelajes diferentes. Cada buque paga un peaje en base a su tonelaje, estos sumaron 279,1 millones de toneladas. Los barcos que más pagan son los cruceros, llegando a dejar en las arcas de la administración, hasta 200 mil dólares por usar el Canal para acortar distancias y tiempo.

Los turistas interesados en ver esta vía interoceánica ejecutada por el hombre, acceden a un área reservada para tales fines, desde donde, en horas puntuales, se puede observar el trasiego de las naves desde un gran mirador.

Las entradas varían según la combinación que se escoja. Si opta por derecho a ver el museo del Canal y una película que explica su funcionamiento, los adultos pagan siete dólares y los niños, menores de 12 años, cinco dólares. Si no opta por el museo y la película, la entrada le costará unos seis dólares.

Es interesante optar por el museo, ya que posee cuatro salas donde se pueden apreciar piezas históricas, módulos interactivos, maquetas y modelos mecánicos utilizados en las operaciones del Canal; así también, la importancia del agua, la preservación del ambiente y la biodiversidad, conjuntamente con el cuidado de la cuenca hidrográfica donde se levanta esta obra.

Aquí existe una tienda donde puede adquirir recuerdos del Canal, como pozuelos, dedales, libros, guías, llaveros, en fin, todos esos artículos que gustan a los que visitan, por primera vez, lugares de trascendencia.  

Para los que andan escasos de tiempo, estas instalaciones tienen un área climatizada y una terraza techada en el restaurante Miraflores, desde donde se divisa a plenitud el paso de los buques, a la par que se degusta un rico almuerzo, que bien puede ser a la carta o tipo bufé. La comida es variada y de buena calidad. Los platos del menú van desde seis dólares en adelante, mientras que el bufé, que incluye una gran diversidad de platos, cuesta 18 dólares y se puede servir las veces que quiera.